Hay quien se refiere a las setas como "carne vegetal", y es que son tan difíciles de digerir como un entrecot. Los expertos recomiendan consumirlas con frecuencia y en pequeñas cantidades, y, a poder ser, mejor acompañadas de verduras u hortalizas que de carnes y otros alimentos de difícil digestión. De hecho, las hortalizas crudas, que aportan agua y fibra, son ideales para neutralizar la acción acidificante de las setas, las cuales, por otra parte, no son una verdura tal y como se ha creído durante muchos años, ya que no contienen clorofila.

Es aconsejable, además, no consumirlas por las noches, especialmente aquellas personas con problemas digestivos, y aprovechar la temporada para comerlas prácticamente a diario en cantidades muy pequeñas. Pensadas como plato único y no únicamente como guarnición, las setas pueden ser, por ejemplo, cocinadas a la plancha, un estupendo segundo plato que acompañe una verdura o una ensalada y sustituya a una carne.

Pese a que contienen macromoléculas muy difíciles de digerir por es estómago humano, los beneficios de este alimento son numerosos. Apenas tienen grasa, y aportan entre 25 y 35 calorías los 100 g. Aportan minerales como potasio, hierro y fósforo, entre otros, además de vitaminas del grupo B y gran cantidad de ácido fólico, sin olvidar su alto contenido en proteínas.

Las setas tienen, además, mucha fibra, que mejora el tránsito intestinal, y algunas, como la shiitake, por ejemplo, han alcanzado tal popularidad que se venden incluso en forma de cápsulas y preparados. Estas setas tienen múltiples beneficios, entre los que se encuentran equilibrar los niveles de azúcar en sangre, mejorar el sistema inmunitario y la salud cardiovascular. Hay quien les atribuye, incluso, propiedades anticancerígenas, aunque de momento no ha podido demostrarse científicamente.