Aceite de albahaca

1- Limpiamos las hojas de albahaca (aproximadamente 1/2 kg por litro de aceite, aunque puedes adaptar esta cantidad en función de si deseas el aceite más o menos aromático) y las secamos dándoles pequeños golpecitos con un paño de cocina. Se trata de no dañarlas excesivamente.

2- Cuando estén bien secas, se colocan en un recipiente y las trituramos sin deshacerlas del todo.

3- Añadimos aceite de oliva virgen extra de buena calidad, introducimos en un recipiente bien cerrado herméticamente y dejamos macerar durante aproximadamente un mes.

4- Pasado este tiempo, simplemente tenemos que colar en un colador de tela, sin olvidarnos de presionar la albahaca para extraer todo el jugo que pueda quedar.

5- Adornad la botella con unas hojas enteras de albahaca y... ¡ya lo tendréis!

Aceite de frutos secos

1- Calentamos el aceite y los frutos secos –que pueden ser nueces, almendras, piñones, avellanas...– hasta que la temperatura alcance los 80 grados y mantenemos esa temperatura aproximadamente unos 5 minutos.

2- Trituramos la mezcla con la ayuda de un mortero hasta que los frutos secos estén troceados, aunque no molidos por completo.

3- Colamos en un colador de tela, dejamos enfriar a temperatura ambiente y guardamos en la nevera. ¡Ya estará listo! Es importante sacarlo aproximadamente dos horas antes de su consumición.