Durante estos días se celebra la localidad tailandesa de Lopburi se prepara para el clásico Festival del Mono (Monkey Buffet Festival), una curiosa manera de promover el turismo en esta localidad situada al norte de Bangkok, a unas tres horas. La fiesta es tan sencilla como efectiva: el templo tailandés de Prang Sam Yot se convierte en el escenario de un festín en que se ofrecen cuatro toneladas de comida y golosinas a los macacos del lugar, a quienes se cree, por aquellas inmediaciones, descendientes del dios Hanuman.

Así, entre un bufet espectacular que los monos degustan a su antojo mientras comentan, seguro, lo mal que nos ha sentado la evolución, los asistentes a tan surrealista evento pueden disfrutar de espectáculos de música y baile tradicional con una coreografía en la que, claro, los bailarines actúan disfrazados de monos. La oferta es espectacular: verduras, huevos duros, bebidas y, especialmente, kilos y kilos de fruta colorida y apetecible dispuesta en llamativas pirámides.

Los autóctonos recomiendan tener a buen recaudo las posesiones, pues parece ser que los monos están alerta a cualquier posible distracción de los asistentes, y ante semejante dechado de excentricidades es muy fácil olvidar quiénes somos, para pispar objetos de valor y comida.

¿Qué más se puede explicar de uno de los festivales gastronómicos más friquis del mundo y una de las grandes atracciones del invierno en Tailandia? Que es una jornada siempre festiva, alegre, donde los tailandeses sacan sus mejores galas porque están convencidos de que dar de comer a los monos les va a traer suerte durante el año.