Novalife » Recetas

¿POR QUÉ TRATAR DIFERENTE A LOS NIÑOS?

Estos son los motivos por los que no deberías preparar un menú infantil en Navidad (ni nunca)

Macarrones boloñesa, pizza, nuggets, patatas fritas y helado. ¿Por qué los menús infantiles siempre incluyen estos platos? ¿A quién se le ha ocurrido que los niños no pueden comer lo mismo que los mayores? ¿No sería hora de unificar las cartas y que grandes y mayores comamos lo mismo? Los expertos y el sentido común parecen estar de acuerdo en que sí.

Niños comiendo pizza

Agencias Niños comiendo pizza

Publicidad

A los clásicos nervios que acompañan, probablemente desde hace semanas, a los anfitriones navideños, hay que añadir la presión añadida de diseñar un menú infantil al margen de los numerosos aperitivos, platos y postres con que vamos a agasajar a nuestros invitados esa noche. Tal vez hayamos ideado un plato combinado sui generis con espaguetis, pollo rebozado, patatas fritas y huevo frito, acompañado de algún postre industrial y refrescos azucarados. Craso error. Los nutricionistas recomiendan cada vez más olvidar los menús infantiles y que los niños coman, en la medida de lo posible, lo mismo que los mayores.

Hay muchos motivos para desterrar el menú infantil, más allá del trabajo extra y el desequilibrio nutricional que suelen presentar. "Cuando tú le estás dando a un niño una comida diferente a la tuya, al fin lo que le estás diciendo, de alguna manera, es que tú no mereces comer lo que estoy comiendo yo, que tú debes comer algo diferente", afirma la nutricionista Clara Antúnez. Además, las comidas son un momento de socialización importante, donde se crean determinadas dinámicas que van mucho más allá del acto de comer. Por este motivo, tampoco es conveniente "sentar a los niños en una mesa diferente, y mucho menos darles de comer antes que a los mayores, o servirles todo en un plato combinado para que acaben antes", asegura la nutricionista.

Mery García - Nuggets de Pollo Crujientes | Naked Chicken Chips - Cocina para todos | Flooxer

Antúnez asegura que el paladar se educa y que si no se hace desde pequeños, literalmente, "se atrofia". Numerosos estudios sostienen que tenemos que probar un alimento hasta 8 o 9 veces para saber que no nos gusta, pues hay que dar tiempo al paladar para que se acostumbre a su sabor. Y qué mejor manera que en restaurantes o casas ajenas para que los niños puedan probar nuevos sabores, aunque sea en poca cantidad, e ir acostumbrándose a una cocina diferente a la de casa. Hacer eso es invertir en que tengan una buena alimentación el día de mañana, pese a que a veces los padres y demás comensales no pasen una velada tan tranquila.

Los macarrones del cole | nova.atresmedia.com

Otra razón de peso para evitar este tipo de packs de rebozados, fritos y pasta es que no son equilibrados nutricionalmente. "A los niños les gustan mucho los hidratos de carbono y el azúcar, ya que están creciendo y su cuerpo los necesita", explica Antúnez, lo que no significa que no les gusten las verduras o los pescados, "sino que probablemente, como a los adultos, no les gusten todas las verduras ni todos los pescados". Se trata, pues, de ir probando y de, por qué no, "disfrazar" algunos alimentos para que resulten más apetitosos. "Seguramente un niño preferirá antes una pasta con verduras salteadas de diferentes colores que un plato de verdura verde hervida", afirma Antúnez. Lo mismo que los adultos, en realidad, ya que si todas esas personas que comen poca verdura probasen a cocinarla de maneras diferentes probablemente no vivirían como un suplicio su consumo.

Niños comiendo fruta | AGENCIAS

Antúnez, al fin, considera que es una cuestión de sentido común. "Hacer que nuestros hijos coman determinados alimentos, tanto en casa como fuera de ella, es una obligación en todos los sentidos, ya que hemos de enseñarles también que no tienen poder de decisión absoluto en todo y no van a comer todo lo que quieran. ¿Cómo hacerlo? Obligándoles a comer siempre un poquito de aquello que no hayan probado. En el caso de las sopas, puede ser un vaso de chupito, pero deben al menos probarlo. El paladar irá acostumbrándose y eso les beneficiará cuando sean mayores", concluye.

Y añadimos: en el caso de las cenas de Navidad, ¿hay algún niño que coma algo? Los nervios de los regalos y el gentío hacen que acabemos recogiendo nuggets de todos los rincones de casa. Para ello, mejor que se sienten con nosotros a la mesa.

Publicidad