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No, si sabes cómo hacerla

¿Te está haciendo engordar la siesta veraniega?

Habrá gente que te diga, "No te eches la siesta". Con la que está cayendo... No te preocupes, que no te tiene por qué engordar.

Estudiante tomando una siesta

Getty Estudiante tomando una siesta

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El verano es la época del año más apropiada para coger un buen libro un ratito después de comer, dejarse acariciar por la somnolencia una vez leídas unas páginas y... ¡zas! echarnos una siesta buena, buena, buena. Sin embargo, hay una duda que nos corroe por dentro: ¿engorda la siesta o no? ¿No será ese ratito que pasamos agustito en el sofá sinónimo de echarnos unos cuantos kilos encima? Aquí va la respuesta.

Múltiples estudios han concluido a lo largo del tiempo en que dormir en sí mismo no causa aumento de peso. Nuestros cuerpos están gastando energía, incluso mientras duermen, para alimentar los complejos procesos necesarios que mantienen, regeneran y cuidan de nuestro cuerpo. Así, podemos concluir que echar una siestecita viendo la tele no es malo en sí mismo. Hay estudios que señalan que las personas que duermen durante no más de 30 minutos por la tarde tienen una menor incidencia de obesidad en comparación con los que no lo hacen.

Dormir más de la cuenta tampoco es bueno para la salud | Pixabay

Además, los expertos sugieren que una siesta de 30 minutos por la tarde como máximo puede sernos muy favorable al ir contra la producción de cortisol (la hormona del estrés) y también aumentar la productividad de los trabajadores, así como la capacidad de aprendizaje de las personas. De hecho, hay recomendaciones de prevención de riesgos laborales que especifican que las personas con turnos tardíos deben hacer una pequeña siesta por la tarde para evitar accidentes o percances en el trabajo por la noche.

Sin embargo, la siesta tiene también sus normas: hay que evitar dormir inmediatamente después de haber terminado de comer. Es preferible dejar pasar una hora al menos para que no se retrase el proceso de digestión y aumenten las posibilidades de reflujo ácido debido a la postura horizontal. En eso influye mucho, claro está, la hora en la que comemos. Si empezamos a las 3, por ejemplo, difícilmente se retrasará la hora de siesta lo suficiente para no interferir con la digestión. Si, por el contrario, comemos más temprano es posible que podamos compaginarlo y disfrutar de esa siesta de media hora, reparadora y beneficiosa.

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