Cuenta la historia que el primer huevo de Pascua de chocolate se hizo en 1873 y hoy, casi un siglo y medio después, la mayoría de los golosos mortales seguimos abriéndolos como buenamente podemos. O sea, mal. Hay quien le arrea un mandoble con un cuchillo o quien lo aporrea con la mano de cualquier manera, incluso quien lo deja caer al suelo (envuelto, faltaría más)… Y así sucede con casi los 80 millones de huevos de Pascua que se consumen cada año en el mundo.

Y así seguiría ocurriendo por los siglos de los siglos si no fuera por los consejos que da la maestra chocolatera Kiri Kalenko, jefa de la firma Hotel Chocolat, que ha aportado su luz para abrirlos sin que se hagan añicos y nos veamos obligados a picotear en el plato como si fuéramos gallinas hambrientas de grano.

La clave es buscarle el punto más débil al huevo para que se abra fácilmente. No te pases mucho rato dándole vueltas al huevo; nosotros te decimos cuál es: el lado. Necesitas, eso sí, una superficie limpia y dura (ella prefiere el mármol de su cocina) para llevar a cabo con éxito su técnica, que ella llama “agarrar y golpear”: es decir, coges el huevo y le das un golpe seco por el lado sobre una superficie lo más dura posible.

De todos modos, Kalenko asegura que haciéndolo suavemente también funciona, ya que la técnica del “agarrar y golpear”, propia de expertos que la han ido afinando durante años, puede hacer añicos el huevo, justo lo que queremos evitar. Pero recuerda, lo hagas así o asá, siempre hay que buscarle el lado, nunca la parte superior o la inferior.

Una vez roto el huevo, Kalenko explica que puedes envolver las sobras en papel de aluminio “para que mantenga su frescura” y no guardarlo nunca en la nevera. “Se sirve mucho mejor a temperatura ambiente, ya que se derrite instantáneamente en la boca, inundando sus papilas gustativas con todos sus ricos sabores”.