Cáceres ostentará durante todo 2015 el título de capital gastronómica española. La ciudad extremeña recibe así el título de manos de Vitoria, a la que dará el relevo desde el 1 de enero del año que viene. La candidatura cacereña contaba con el apoyo de numerosos chefs como Juan Mari Arzak o Ferran Adrià y de caras conocidas del mundo de la cultura como Fernando Trueba o José Coronado.

La capitalidad gastronómica es vista como una oportunidad de proyectar la ciudad desde un punto de vista turístico y Cáceres tendrá todo un año para destacar sus atractivos, que van desde productos gourmet como la torta del Casar hasta una importante oferta de hostelería, que va desde el tapeo a la alta cocina. Aquí van nuestras diez razones para pasarnos a partir del próximo 1 de enero (o antes si nos da tiempo).

La torta del Casar. Uno de los mejores quesos del mundo y una delicia por la que muchos matarían. Este queso de pasta blanda se produce en toda Extremadura, aunque la de El Casar está considerada la más excelsa.

A-T-R-I-O. El restaurante dos estrellas Michelin de Toño Pérez y José Polo es, sin duda, la estrella más brillante en el firmamento gastronómico extremeño. Su menú degustación aúna tradición, renovación y refinamiento. Mención aparte merece su bodega de vinos, una de las más impresionantes del mundo.

Una ofertaca de tapeo que pa qué. En Cocinatis ya hemos hablado de sitios como La Cacharrería, pero es que la zona antigua está repletita de locales en los que poder comer de miedo a buen precio. Ahí están lugares emblemáticos como La tapería de la Torre de Sande o la Bodega Medieval.

Restaurantes de precio medio que merece la pena conocer. Entre los más destacados Eustaquio Blanco, donde hacen una maravillosa ensalada de perdiz escabechada, además de muchas otras especialidades.

La cereza. En primavera, la floración de los cerezos convierte el acceso al valle del Jerte en una interminable caravanas de coches para admirar uno de los más impresionantes espectáculos naturales. Sin trampa ni cartón. El resto del año, está omnipresente en recetas, aunque lo mejor es comerla en veranito, cuando está en todo su esplendor.

Del cerdo (ibérico), hasta los andares. Chorizo blanco, chorizo rojo y, por supuesto, jamón. En Cáceres la oferta de tapeo basada en este noble animal se asoma en cada carta y resulta uno de esos placeres que parece imposible que aún sean asequibles para casi cualquier bolsillo.

La patatera. Mención aparte merece esta morcilla tan emblemática de la ciudad. Grasa de cerdo ibérico, patata, pimentó de la Vera, sal, orégano y ajo. La hay más y menos picante y también puede utiizarse para rellenar asados o cremas sabrosísimas con las que nos falta pan para untar...

La Plaza Mayor. Centro neurálgico de la ciudad, es un espacio lleno de terrazas. Tapear al fresco es, de junio a septiembre, un lujo para esquivar las altas temperaturas. El resto del año, también se puede picar al aire libre.

Los higos. Los bombones de higo son uno de los dulces más populares. No hay restaurante o bar en el que no figuren, de una forma u otra en la carta. El higo es una religión en Cáceres.

Una rica gastronomía popular encabezada por las migas. Decir migas es decir Cáceres. Este plato humilde pero sabrosísimo se prepara a diario tanto en bares como en casas particulares. La sopa de tomate, los escabeches, los gazpachos o las carillas (un tipo de judía pinta) merecen la pena ser descubiertos.