MUJERES AL PODER

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¿Por qué los hombres siguen temiendo al feminismo?

Da igual cuántas veces lo expliques: los hombres temen el feminismo. Así es, se hacen caquita ante un movimiento social que busca la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres. Es indiferente que lo entiendan y a su vez hasta que lo compartan. Los hombres, como dijo el escritor Eduardo Galeano, tienen miedo a la mujer sin miedo. En las últimas décadas, la mujer ha interiorizado cambios profundos en su vida personal y social. También los hombres han sido testigos de estos cambios. Sin embargo, además de observar cómo muchas de sus actitudes y roles están cada vez más desfasados, se sienten a menudo desubicados, ¿acaso no habrán sabido adaptarse? ¿Necesitan más tiempo o menos excusas?

Símbolos masculino y femenino
Símbolos masculino y femenino | Istock

Doctora Glas | Madrid | 17/05/2018

1. No basta con reconocer que son machistas.

Asumirlo no tiene grandes dificultades dado que, por desgracia, vivimos en una sociedad donde el sexismo es una característica que sigue presente en nuestra cultura. Vamos, que es casi como decir que la Tierra gira alrededor del Sol. Quizá sientan cierto alivio al afirmar durante una cita, de forma trágica y profunda, que son machistas. Pero, ¡qué ingenuos! A las tías eso ya no nos conmueve, solo nos hace constatar que son otro gilipollas con mucho cuento. Por si cabe la menor duda, aquí incluyo también a los hombres que se denominan “de izquierdas”. Ahora que el feminismo está por todas partes, viven en la absoluta psicosis de que señalemos toda la mierda patriarcal que destilan sus actitudes, sus micromachismos o su proteccionismo.

2. Aunque se desenvuelven en el arte caballeresco de la conquista, gran parte de los hombres no sabe seducir cuando se trata de relaciones horizontales.

Parte de los varones heterosexuales no saben seducir sino que parece más bien que toman a las mujeres como trofeos de caza. El feminismo les interpela profundamente en esta cuestión, dado que establece que las relaciones entre mujer y hombre no pueden ordenarse en términos de poder y autoridad. El sexo ha sido históricamente un placer reservado para los hombres, donde a menudo se ha avergonzado a las mujeres por acceder a él de forma libre y no como una mera actividad reproductiva. Ahora que las mujeres también nos revindicamos como sujetos sexuales y nos oponemos a ser percibidas como objetos sexuales, muchos hombres viven entre ansiedades e incertidumbres. ¿Cómo comportarse cuando nosotras ya no permitimos que definan nuestra vida sexual, cuando nosotras dejamos de actuar de forma pasiva ante el deseo o nos atrevemos a confesar que no son la sex machine que dicen ser ante sus colegas?

Algunas de mis amigas sostienen la siguiente tesis: los hombres se auto convencen de que tienen control sexual sobre ti simulando que ya no le interesas después de un polvo. Silencios. Evasivas. Desapariciones. El clásico prometen y prometen hasta que la meten evidencia, por un lado, la falta de habilidades sociales y de comunicación que siguen teniendo los hombres para enfrentar ciertas situaciones (incluidas aquí las situaciones de rechazo), y por otro, su deseo más consciente o inconsciente de pretender que el sexo continúe siendo un territorio hostil para nosotras. Las mujeres, salvo excepciones, somos capaces de tener sexo por sexo sin traumas ni dramas, sabemos lidiar con el rechazo e incluso aceptar con mayor o menor decepción el final de una historia. Con lo que no queremos seguir lidiando es con ese modelo de masculinidad tan tóxico en las relaciones interpersonales.

Es cierto que muchos hombres han renunciado al modelo tradicional de macho alfa, sin embargo, no han conseguido generar modelos alternativos cuando se trata de relaciones íntimas o de pareja. Ante esto, a menudo vuelven a los modelos de siempre, no identifican emociones, evitan ponerle nombre a lo que está pasando, rechazan rotundamente poder hablar sobre lo que ocurre y acaban, en muchas ocasiones, poniéndose a la defensiva. ¿Será esto más inconsciencia que una cuestión de egoísmo?

3. Persiste cierta resistencia a coger la fregona.

Muchos hombres feministas creen que el feminismo es un espacio donde pueden tener la razón y despreciar a otros hombres. Por supuesto, se equivocan. El feminismo no es un territorio para que sean líderes sino para que definan modelos alternativos de masculinidad, cuestionen su socialización violenta, comprendan la profundidad de sus miedos, pongan fin a su escaso bagaje de gestión emocional o entiendan que el progreso social pasa por reivindicar que las escobas y fregonas son para todas las personas.

4. Uno de los retos que el feminismo plantea a los hombres es que se reconcilien con la feminidad, incluida su propia feminidad.

Para ello hay que perder el miedo a ser tildados de blandos, sumisos o incluso homosexuales. Sí, aunque parezca algo del siglo pasado, todavía existen varones en este loco mundo que se sienten ofendidos cuando alguien cree que les atraen sexualmente otros hombres. ¡Hasta parece que les ofende más que el hecho de que señalemos su machismo, su paternalismo o sus ridículas dotes de donjuán! Expresiones como “nada de mariconadas” siguen presentes en muchos grupos de tíos, incluso en aquellos que han interiorizado el mensaje público feminista. Esto pone sobre la mesa la relación de temor y rechazo que tienen los hombres con lo femenino. El miedo a perder o ver cuestionada la virilidad no está relacionado con una homofobia radical sino con el miedo a parecer gay. Sin duda, esta es la mayor vigilancia que se imponen los hombres entre ellos: controlar que el código de masculinidad se cumpla estrictamente. Posiblemente es aquí donde continúa su reto como hombres que quieren una sociedad igualitaria y defienden el feminismo: ha llegado la hora de romper con ese guión.

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