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TAREAS DOMÉSTICAS Y EMPODERAMIENTO

¿Tu pareja acaba de irse de casa de sus padres para vivir contigo? Cuidado: quizás sea un hombre del que huir

Encontrar una pareja que sepa convivir no es tarea fácil. Que sepa que si pegas la lechuga al fondo de la nevera se puede congelar, que es mejor meter los platos pasados por el agua dentro del lavavajillas para que salga antes la suciedad y no se obstruyan los filtros, o que el agua de la fregona conviene cambiarla muy muy a menudo para que no huela a pies cuando friegas.

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Si has vivido sola, sabes de lo que hablamos. Si has compartido piso, también. Especialmente las luchas por los estantes de los muebles de la cocina, de la nevera, turnos para fregar o limpiar, y el cuidado que hay que tener con lo ajeno, desde una habitación pasando por las visitas. Compartir casa no es fácil, es muy divertido en muchas ocasiones y en otras puede llegar a ser un estrés.

Si ha llegado el momento en que te vas a vivir con tu chico y sale directamente de casa de su mamá para irse contigo… Más vale que te armes de paciencia y de sabiduría, porque te espera una ardua tarea. O que tomes las de Villadiego, como tú veas…

Compartir piso es compartir tareas, no pagar tú la cuota de Netflix y él la de HBO. No cocinar tú, porque se te da mejor, y él esperar en el sofá. Compartir es hacerlo en todo. Empezar juntos un proyecto.

Si antes lo hacía mamá, ahora es cosa de dos

Tender, ese arte: planchar es una de las peores tareas, y si no sabes tender una lavadora tardarás el doble. Por eso tender a la hora adecuada, en el momento adecuado, con las pinzas de determinada manera es todo un ahorro de tiempo (y de enfados). Además, evitarás que la silla donde dejas la ropa para planchar crezca hasta el infinito. Paciencia y suerte.

Limpiar: no es más limpio quien más limpia sino el que menos ensucia. Y es una frase eterna llena de verdad. Si se pone a cocinar y la encimera parece un muestrario de cacharros y restos de comida, sal de allí. A no ser que te lleve el plato preparado y la cocina quede limpia, no vuelvas a entrar. Está muy bien el show, pero ¿a quién le toca limpiar después?

El baño: ese lugar. Bajar la tapa, reponer el papel higiénico, apurar el champú boca abajo para no desperdiciar, guardar la cuchilla tras afeitarse, recoger los pelos del lavabo, no dejar la esponja mojada en la bañera, quitar los calzoncillos del pomo de la puerta… Todos somos maniáticos, pero si hay alguien que va detrás recogiendo cual hada del hogar, nunca sabrá cómo hacer las cosas. No caigas en la trampa de las primeras semanas, meses, año… Sienta las pautas desde el inicio. Si compartes casa, se comparten las tareas. No es un hotel, no es un servicio 24 horas, no es uno hace y otro deshace. COM-PAR-TIR que diría Pepu Hernández.

Salir de casa de mamá para entrar en la tuya tiene muchos más peligros de los que crees, aunque la ventaja es que si lo hace muy joven, aún hay tiempo para adquirir nuevos conocimientos, desterrar malos hábitos y descubrir que le gustan muchas más tareas de las que creía. Haz oídos sordos a la frase “pues mi madre…” porque la dirá a menudo. No lo escuches, date la vuelta y sigue a lo tuyo. Igual tienes suerte, que también la hay, que no dicen esa frase nunca. Algo estarás haciendo bien, y él también.

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Si le gusta la jardinería, genial. Flores, plantas, tierra, herramientas, riegos, para él. Si le gusta de verdad estará pensando en flores de temporada, arbustos perennes, tendrá vitaminas para las plantas y el carnet del vivero más cercano. No que le gusta sólo mirar los árboles tomándose una cerveza.

Si le gusta cocinar, perfecto, pero cocinar de verdad, no hacer barbacoa en verano y paella los domingos delante de amigos. Saber cocinar es que te haga una fideuá, un tiramisú, y un guiso de ternera con salsa de queso. Que quiera comprar una mejor batidora y busque complementos para diferentes texturas. Has tenido suerte, disfrútalo.

Lo que nunca pensaron que existía, y que a ti te tocará descubrirle (o no)

-Los cambios del colchón: sí, el colchón se da la vuelta. De un lado, lo de arriba abajo y del revés. Ya verás qué mundo le descubres.

-Las fundas de la almohada existen, y son para proteger de sudor, cremas, tintes… Y hasta se lavan habitualmente.

-La sábana bajera del juego nórdico también se lava, aunque sea invierno.

-Las toallas, al sol, se lavan muy calientes y se tienden lo más extendidas posibles.

-La aspiradora: sí, hay técnicas. Sí, hay más de un cepillo. Sí, se aspira también el rodapié, el cabecero, las sillas, y hasta los rieles de las ventanas.

-La comida en la nevera también se estropea. No vale comprar mucho un día y esperar que dos semanas después siga perfecto. Poco y a menudo, fresco y a cocinar. Un truco saludable para comer y que te hará ahorrar, y evitar tirar comida.

-El orden ayuda a tener una mente tranquila. Dejar las llaves siempre en un sitio, los zapatos en otro, el abrigo en otro... una casa ordenada es como las mesas de trabajo, ayudan a pensar mejor.

-Hay varias bayetas: la de la cocina, que nuca se usa para el suelo, y la del baño, que siempre está en otro lugar. También hay diferentes trapos de cocina, el de secar, el de recoger, el de limpiarse… No los mezcles, el mundo bacteria está realmente activo.

-Las sartenes: lavarlas con diferentes estropajos ayuda a que se limpien mejor y les alargas la vida. Así no se te pegará nada, porque no levantarás nada del fondo de la sartén.

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