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PAREJA Y CONFLICTOS

¿Esta es su manera de pedirte perdón? Pues es machista a más no poder

El Día de la Mujer es una buena fecha, aunque deberíamos hacerlo todo el año, para reflexionar sobre todas esas maneras machistas de resolver los conflictos a las que, por desgracia, estamos más que habituadas.

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El conflicto, el desacuerdo, la discusión, la discrepancia o las mil maneras de llamar a los roces que se producen en el día a día de cualquier pareja son el pan nuestro de cada día en las relaciones afectivas, y la buena noticia es que no hay una sola formar de dirimir estas diferencias. “No existe una única manera de pedir perdón si nos hemos equivocado, o de resolver un conflicto con nuestra pareja. Lo que sí existen son formas de no hacerlo, conductas que no se pueden tolerar bajo ninguna circunstancia, muchas de ellas asociadas al género masculino, al rol que los hombres han ocupado históricamente en la sociedad y, por tanto, en las relaciones de pareja”, explica el psicólogo y sexólogo de Psike, Alberto Álamo.

En general, las parejas con relaciones sanas encuentran maneras de resolver los conflictos de forma justa e igualitaria, siendo capaces de establecer vías de comunicación que permitan gestionar las discrepancias de manera satisfactoria para ambos. “Lo primero que conviene hacer cuando se plantea un conflicto es preguntarnos si ambos tenemos intención de resolverlo, y, si es así, algo que funciona es hacerlo siempre desde el ‘me siento’, nunca desde el ‘tú me hiciste’. Con esa actitud tenemos bastante ganado, puesto que si existe una voluntad de solucionarlo y se hace de forma asertiva y respetuosa el éxito es bastante alto”, explica el psicólogo. Para Álamo, existen, sin embargo, una serie de conductas intolerables a la hora de gestionar los conflictos, algunas de ellas tan presentes que apenas si nos damos cuenta de que son un arma de doble filo, en buena medida producto del machismo todavía imperante.

No pedir perdón

“En una relación clásica heterosexual prototípica, tradicionalmente ha sido habitual que cuando los hombres metían la pata no pedían perdón jamás y hacían como si no pasase nada. Es una conducta frecuente todavía hoy en muchas relaciones de pareja, y una actitud muy típica masculina, consecuencia clara del patriarcado, que se sustenta sobre modelos que refuerzan este comportamiento en muchos ámbitos”, explica Álamo. En este sentido, en terapeuta invita a quien recibe la ofensa “A reivindicar su derecho a no perdonar, ya que si se nos arrebata este derecho se nos obliga de algún modo a perdernos el respeto a nosotros mismos”. Álamo reivindica, por tanto, la necesidad de muchas mujeres de recibir un perdón expreso y sincero por parte de su pareja: “Cada persona decide si el perdón le vale o no, o qué tipo de perdón necesita, ya que si hay algo que tiene un comportamiento subjetivo es precisamente esto: el perdón”.

Regalo | iStock

Pedir perdón con un regalo

“En ocasiones los regalos materiales representan la ilusión de que existe un arrepentimiento real, pero en realidad funcionan como mecanismo compensatorio”, explica el terapeuta. Esta conducta entraña riesgos si se da de forma habitual, “Puesto que supone una infantilización de la mujer y una conducta paternalista por parte del hombre, que además refuerza el poder que tiene en este tipo de dinámicas, alterando el significado de lo que significa cuidar de verdad”.

Cambiar el foco

Los conflictos tanto en parejas como amistades o familia y, al fin, en cualquier tipo de relación afectiva, están a la orden del día, y una conducta habitual en muchos hombres es cambiar el foco, de manera que se acaba desvirtuando la esencia del desencuentro. “Se tiende a focalizar más en la reacción que en la acción”, explica Álamo. Por este motivo, es importante que se enciendan las señales de alarma ante frases tan habituales como “te has puesto muy nerviosa y yo te voy a tranquilizar”, ya sea con regalos o con sexo, pues esta serie de mensajes solo contribuyen a fortalecer la idea de la mujer como histérica, como alguien sin control sobre los propios estados emocionales, una imagen con la que hemos convivido a lo largo de la historia. “Que la mujer se exalte en un momento dado no es más que una reacción natural ante la incapacidad de lidiar con una situación que es imposible gestionar. Poner el foco sobre eso, y no sobre la causa del conflicto, no hace sino agravar la situación”.

Sexo para zanjar la pelea

Esta manera de resolver los conflictos es un arma de doble filo, aunque, en palabras de Álamo, “a muchas parejas les puede funcionar en un momento determinado la clásica reconciliación con sexo”. Si partimos de la base de que “no hay una dinámica contaminada y no existen juegos de poder ni machismo, se pueden dar situaciones en que las relaciones sexuales puedan contribuir a destensar la situación, del mismo modo que podría funcionar poner una película y reírse juntos”, explica el psicólogo. Asimismo, existen parejas consolidadas “que han sabido convivir con una serie de dinámicas intensas de conflictos y reconciliaciones que pueden llamar la atención desde fuera, pero que en lo más íntimo funcionan”, continúa Álamo, quien recuerda, sin embargo, que “no es lo más habitual”. En el momento en que el sexo actúa “Como parche, para que parezca que se han arreglado las cosas y se vuelve a un momento luna de miel, lo único que pasará es que se regresará a las dinámicas imperantes, y que ese momento de conexión que ha propiciado la relación sexual no se corresponderá con una conexión verdaderamente íntima que invite a reflexionar sobre las discrepancias y a gestionarlas con empatía y sensibilidad”.

Alardes de violencia

Ni golpes en las paredes, ni tirar objetos ni, por supuesto, ningún otro tipo de violencia física o verbal. “En el momento en que se llega a ese punto nos estamos alejando de una resolución de conflictos sana, justa e igualitaria”, explica Álamo. El terapeuta apunta que “Es posible que tengamos un estado fisiológico activado, pero tenemos que comprender que hay otras formas de gestionar este tipo de emociones” y que debemos saber detectar dónde se encuentra el límite cuando estemos a punto de traspasarlo: irse a dar una vuelta, salir del espacio, ordenar las ideas… Cada persona tiene sus mecanismos para dar un vuelco a la situación y gestionar los conflictos con madurez e inteligencia.

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