Elegimos a nuestros amigos, a nuestra pareja, pero lo que no podemos elegir es a nuestra familia y menos a la familia política. Y es que a veces la familia de tu pareja puede llegar a ser un problema para tu relación y para muchas otras, e incluso llegar a provocar la ruptura en algunas, pues más allá de lo que pueda parecer, sobre todo si esta situación te lleva a pensar en tu suegra y todos los prejuicios que se han tenido a lo largo de los años sobre esta figura; este es un problema muy recurrente en muchas parejas.

De hecho, en casi todas las ocasiones la frase que más solemos escuchar en este tipo de situaciones es: “yo no me comprometí con tu familia, sino contigo”. Pero lo que tenemos que tener en cuenta y presente es que ese contigo supone lo que te hace ser a ti, y eso, siempre incluye a la familia.

Lo que está claro es que no estamos obligados a congeniar con todas las personas que rodeen a nuestra pareja, ya sean amigos o familia, de hecho, esta es una de las cosas que tenemos que tener presentes al iniciar una relación, pero a nuestra pareja siempre le hace gracia que por lo menos te conozcan e ir contigo a, por lo menos, las reuniones importantes para él/ella. Lo que supone que en muchas ocasiones nuestra pareja esté feliz y tú de morros.

Y aunque hay diferentes tipos de familias y puede que te lleves bien con la tuya y que esto no te suponga ningún problema, para muchas personas el hecho de tener que ir en Navidad o a reuniones varias con la familia de sus parejas, con las que no se irían ni a por el pan, supone una gran dificultad y un gran desafío si quieren sacar el tema en conversación. Es por ello que, si eres de este segundo grupo, te hemos querido dejar unos pequeños tips para poner en práctica y sobrevivir a estas fiestas.

Pareja hablando | iStock

1. Busca el mejor momento para hablar: No esperes a estar en la puerta de la casa de su familia para sacar el tema, o sacarlo cuando esté de mal humor, ya que de entrada no va a estar receptivo/a a escucharte activamente, entenderte y proponer alternativas.

2. Cuando saques el tema no hagas una lista de todas las cosas y situaciones en las que lo has pasado mal: sacar toda la mierda sobre su familia no te va a ayudar a mejorar tu situación y lo más seguro es que acabéis peor de lo que habéis empezado.

3. Habla siempre desde el YO y no desde el TÚ: Sí: “No me apetece mucho ir porque no acabo de sentirme cómodo/a.” No: “Es que tú siempre me obligas a ir a este tipo de cosas.” Sí: “Me apetece pasar más tiempo con mi familia, implicarme en ella y siento que quizás la mejor manera es que lo hagamos cada uno/a con la nuestra.” No: “Eres un/a egoísta, ni que tuviera que estar siempre con Tú familia.” (Con tono de rintintín y énfasis en el tú.)

4. Cambia las exigencias por peticiones: Es muchísimo mejor hablar desde las necesidades o deseos, o explicar que te gustaría que cambiara hablando solo de ti o de un nosotros (solo en algunos casos), que empezar a criticar a tu pareja o menospreciarla en el trascurso de la conversación.

5. Propón alternativas y/o soluciones a la situación: No te quedes en el achaque o en expresar solo cómo te sientes o lo que te apetece o deja de apetecerte, la idea es que en la conversación no solo se saquen cosas negativas, sois un equipo, y la idea es llegar a una solución con el “problema”, junto/as.

6. Intenta evitar las generalizaciones: Todas las frases que te salgan con un “siempre”, “nunca” o “jamás” habitualmente agravan el conflicto que puede generar sacar este tema. Intenta tragarte estas palabras y construir frases sin ellas.

7. Recuerda que el problema no es tu pareja: A veces se nos olvida a lo largo de la discusión que el problema es su familia y no él/ella. Es importante no olvidar el foco y no acabar criticando a nuestra pareja por algo que no viene a cuento o reprochándole ciertas conductas que quizás no deberían salir en esta conversación.

8. No todo se dice con palabras: Es importante cuidar nuestra comunicación no verbal. No vale de nada con que no digas nada para rebajar la tensión porque en muchas ocasiones la cara que ponemos en los silencios es más expresiva que lo que podemos llegar a decir con palabras. Presta mucha atención a los que estás comunicando con tu cuerpo.

9. Sé sincero/a: Es importante que tu pareja sepa qué te emociona, qué te preocupa, qué te hace sentir mal… no son adivino/as, tenemos que comunicarnos para que los demás sepan qué nos mueve. Y esta es una bonita manera de cuidarte tú y de cuidar la relación.