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7 preguntas para saber si sufres el Síndrome de Wendy

Si a veces sientes que más que su pareja eres su madre, es que te estás convirtiendo en Wendy. Y esto no va a acabar bien.

7 preguntas para saber si sufres el Síndrome de Wendy

iStock 7 preguntas para saber si sufres el Síndrome de Wendy

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Esto va más allá de intentar controlarlo todo. ¿Te suena la historia de estar siempre detrás de tu pareja para “controlarlo todo”? Hoy miramos al clásico síndrome de Wendy con ojos feministas y es que nos han metido el cuento de que somos nosotras las responsables de tener esta manía de control y cuidado como si fuera algo biológico e irremediable, cuando en realidad es una trampa social más. La psicóloga y sexóloga Marta Guijarro de Sexo Feminista, así lo confirma: “Las mujeres no tenemos una inclinación biológica hacia el cuidado y la protección, es a través de la socialización de género que interiorizamos que estas tareas nos corresponden y esto impacta inevitablemente en nuestros vínculos y relaciones de pareja”. Además, añade que “Las mujeres no tenemos la culpa de asumir estos roles, porque precisamente es resultado y producto de la educación recibida”.

El síndrome de Wendy proviene como te imaginas del clásico cuento. ¿Cómo no nos chirrió que una niña se ocupara de cuidar de todos los niños perdidos y tomara el rol de madre absoluta? Es esto que hemos visto normal durante nuestra infancia, lo que nos ha dejado un reguero de ideas negativas y erróneas sobre cómo nos tenemos que comportar en pareja.

La sexóloga nos explica que el síndrome se basa en “La necesidad de satisfacer a los demás por encima de la satisfacción personal. Lo que significa dejarnos para después, porque en primer lugar siempre hay otras personas que ocupan el centro de nuestras vidas. Puede darse en el contexto de pareja o con otras personas, asumiendo un papel más de madre que el que realmente corresponde por el tipo de vínculo”.

No confundamos el síndrome de Wendy

Cuando leemos algunos de los síntomas de este síndrome nos asustamos ya que se representa a las mujeres como preocupadas por su entorno. Que cuidan de quienes les rodean y se implican en los problemas de los demás. Y hay que dejar claro que una cosa es ser una persona con responsabilidad afectiva y preocupada y otra es estar al lado de Wendy.

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Limpieza | iStock

Guijarro afirma que “Podemos preocuparnos de los demás pero siempre teniendo claras nuestras necesidades y poniéndonos a nosotras en el centro. En el momento en el que sistemáticamente no somos nuestro centro, es el momento de trabajarlo y recuperar nuestro bienestar”. Por otro lado, aclara que la “Responsabilidad emocional (y afectiva) es ser conscientes de que nuestros actos tienen consecuencias, hay que saber cómo y qué decir porque podemos herir a otras personas, pero siempre revisando cómo nos estamos sintiendo nosotras”.

Para que quede claro, “En el síndrome de Wendy vemos que todo lo que tiene que ver con tener en cuenta las necesidades propias no se contempla, ni cómo nos sentimos. Todo es por y para los demás. Y esto representa un problema en tanto que, de forma implícita, nos sintamos en otro rango respecto a los demás”.

Cómo afecta a la pareja el síndrome de Wendy

Ser Wendy es agotador, no nos diréis que no. Pero no sólo repercute de manera negativa de forma personal, sino que también nos afecta a la relación de pareja. “Crea desigualdad y se reproduce sexismo, estereotipos y los roles de siempre” dice Marta Guijarro, que avisa de que “Vivir para los demás pasa factura y que si estamos en esta situación hay que buscar ayuda”.

Sufres el síndrome de Wendy si...

● Te levantas antes que todo el mundo, organizas todo y lo preparas para todo el mundo.

● Tu tiempo de descanso no cuenta, lo tuyo es seguir haciendo cosas para que los demás lo encuentren todo bien.

● ¿Eres la que se encarga de todo en tu grupo de amigas y de trabajo? Tú haces las reservas, tú te ocupas de que todas estén contentas, tú antepones sus necesidades a las tuyas...

● Sientes que tienes que cuidar de tu pareja y estar detrás de él o ella porque sino crees que no va a hacer una tarea.

● Te aguantas si quieres algo y la otra persona no quiere por no crear conflicto. Por ejemplo, ver una película que a ti te apetecía. En vez de negociar, te aguantas y no lo haces.

● Si se va a programar alguna actividad de pareja o familiar, antepones los gustos y peticiones de los demás a los tuyos.

● En la economía familiar, ¿antepones tus necesidades o prestas tus ahorros para caprichos de los demás?

Si la mayoría de respuestas han sido Sí y además, eres mujer, puede que estés viviendo en el cuento de Peter Pan y tú seas Wendy.

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