Sí, esto es verídico, le pasó a servidora que por algo porta, no sin cierto orgullo aunque a veces me pese, la medalla de “mala madre”. Y como mala madre que soy os puedo detallar todas aquellas cosas que yo y otras tantas como yo nunca llevamos a la playa o a la piscina. Allá van:

- Los kleenex o el paquete de toallitas: sí, tan socorridos los unos y los otros cuando uno tiene un hijo. Justo te das cuenta de que no metiste en la mochila cuando el niño se ha comido un helado de chocolate y tiene manchas por todo el cuerpo. También las tienes tú. Y la toalla. Y la ropa de baño. TODO.

- La sombrilla: bah, ¿para qué? Estamos yendo a la playa a buena hora, el sol ya no quema, tampoco hace tanto calor. Además, pesa, y ya voy bastante cargada con los bolsos, la nevera con las bebidas frías y la merienda, el pequeño, las sillitas… Claro, eres valiente y vas sin sombrilla, y cuando llegas a la playa el sol calienta sin tregua, la arena quema y el niño, que no es tonto, no deja de llorar porque parece que estéis en Dubai en pleno mes de agosto.

- 7 pañales de repuesto: has puesto un pañal de repuesto, por si las moscas. Pero no podías prever que esa tarde iba a ser la fiesta de la caca. ¡La fiesta de la caca y tú en la playa, con la arena, el sol que calienta, sin pañales ni kleenex!, ¿qué más puede ir mal?

- La gorra: a veces te ocurre que metes 20 gorras en la mochila, las vas sacando para lavarlas y de repente, ese día, ninguna. Ni gorra, ni gorro, ni sombrero ni nada… A lo sumo, un pañuelo que intentas atar como hacía tu abuelo o los albañiles de aquella obra para hacerle una especie de protección a la calva del bebé.

Paseando por la playa | iStock

- La merienda: para ser justas, has cogido merienda, un par de plátanos que se te estaban poniendo ya blandos. Y un par de galletas. Pero justo ese día, el niño, que se ha recorrido la playa como si estuviera preparándose para una maratón, tiene un hambre del demonio. Y sus lloros se oyen desde la otra punta porque los plátanos no los ha querido (estaban ya muy maduros, reconócelos) y las galletas le han sabido a poco.

- Los manguitos: esto es muy común en la piscina. El niño no sabe nadar y tú no has cogido el flotador. Y allí está, con una rabieta del quince porque quiere entrar en el agua y no le puedes dejar porque cubre y no sabe nadar. Menos mal que siempre hay una madre perfecta que lleva más de un flotador: por cierto, ¿por qué llevan 3 ó 4 si solo tienen un hijo?

- El agua: sí, amigas, a una madre desastre se le puede olvidar la botella de agua o cantimplora a pesar de que en el telediario repitan día sí, y día también, que en verano hay que hidratarse mucho (sobre todo los niños y los mayores). Menos mal que siempre vas a playas con chiringuitos y allí podrás comprar una. Hacia allí te diriges cuando te das cuenta de que… ¡te olvidaste la cartera en casa y vas sin blanca!