No quedarte embarazada cuando lo tenías planeado es algo que no pensabas que te fuera a ocurrir a ti. Es de esas cosas que les suele suceder a los demás. Tú te sientes bien, tienes buena salud, una alimentación sana y haces ejercicio con regularidad. Por qué no me quedo embarazada es la pregunta que más se asoma por tu cabeza.

No conseguir ese proyecto de vida que os habéis propuesto puede afectar y mucho a la relación de pareja, no sólo a la parte sentimental sino también a la sexual. Aunque no queramos, que se trunque o que sea más difícil de lo que parecía conseguir ese propósito nos afecta y eso lo transmitimos a todas las esferas de nuestra vida. ¿A que te suenan las citas a meses vista, en algunos casos años, para para ver si hay suerte o los coitos programados que le quitan toda la pasión y romanticismo a lo que se supone que es una forma de encontrarnos con nuestra pareja?.

Los problemas de fertilidad cada vez son más frecuentes y esto está modificando nuestra manera de tomarnos la vida. Nagore Uriarte, bióloga y sexóloga, tiene una amplia experiencia en clínicas de fertilidad y acompaña a mujeres que están pasando por este proceso. Durante su carrera como bióloga en clínicas privadas de fertilidad ha visto cómo el deseo de ser madres ha acabado afectando a las relaciones sociales y de pareja de manera negativa. Para no perdernos en nuestro deseo de ser madres, debemos tener una buena gestión emocional. “Cuando nos diagnostican infertilidad es probable que experimentemos un gran golpe emocional. Esto se debe en gran medida a que siempre nos han dicho que quedarse embarazada era facilísimo y que había que tener mucho cuidado si no querías sorpresas. El shock viene cuando queremos tener un bebé y nos dicen que lo del embarazo no es tan fácil como creíamos y toca hacer un duelo a nuestra fertilidad perdida” apunta Uriarte. En cuanto a cómo debemos afrontar ese momento, afirma que no hay una receta única para todas, pero es importante pararnos a pensar en cómo nos afecta y saber con qué herramientas contamos para poder cuidar el aspecto emocional.

La pareja es importante

Cuando nos lanzamos a la aventura de ser madres y padres y nos encontramos con que no todo va sobre lo previsto tendemos a encerrarnos en nosotras mismas. A lo que la sexóloga afirma que “Si estamos buscando un bebé en pareja, la comunicación es un aspecto clave. Una buena comunicación en pareja no sólo impedirá que nos sintamos en la más absoluta soledad e incomprensión en cuanto a la infertilidad, sino que podrá reforzar lazos y ayudarnos a afrontar esa nueva etapa de una manera más efectiva”. “Contar con alguien cercano, que nos trasmita confianza y serenidad puede ser un gran apoyo en un proceso que no suele ser corto ni agradable.

Embarazada | iStock

Existen múltiples grupos de apoyo entre personas con infertilidad que pueden ayudarnos a no sentirnos tan solas, como es el caso de redinfertiles.com. Pero además, es muy recomendable poder contar con asesoramiento y acompañamiento profesional para que el impacto del diagnóstico y los tratamientos que decidamos realizar no hagan mella en nuestra vida personal ni de pareja” añade.

Para hacernos una idea, descubrir que el camino hasta el embarazo va a ser más largo de lo que creíamos afecta tanto que dejamos hobbies o postergamos planes por no faltar a esas fechas señaladas del ciclo en las que nos podríamos quedar embarazadas. Después del diagnóstico solo hay un objetivo: bebé. Esto hace que nos dejemos muchas cosas por el camino. Una de ellas es el deseo erótico. El sexo se convierte en un ritual e incluso en una obligación con un fin y eso del erotismo y el placer casi que lo dejamos para otro momento. Ante esto, no hay que olvidar que tener hijos es un proyecto más en nuestras vidas pero no debe ser el único objetivo.

El coito no funciona y de momento la partogénesis no es factible

Si eres heterosexual antes de llegar hasta esa sala en la que te ves sentada rodeada de fotos de bebés sonrientes y con ojos azules, lo has probado todo. Has hecho el kamasutra de la procreación y todo ha acabado igual, así que ahí te encuentras, dejando tu esperanza en una jeringuilla. Uriarte nos explica que, antes de embarcarnos en “La aventura de un tratamiento de fertilidad, es recomendable que nos re-planteemos lo que supone ser madre/padre para cada persona, qué es importante y qué no. ¿Ser padres biológicos?¿Poder cuidar de alguien? ¿Dar a luz? ¿Poder compartir la experiencia con una pareja? En función de las prioridades que tengamos, podemos valorar lo que puede ser más conveniente en cada caso. Podrá haber quien necesite que el bebé sea de sus propios gametos y poder gestarlo para sentirlo como propio, y quien vea cumplido su deseo de ser madre/padre con un bebé al que pueda acoger o adoptar”.

“Si se trata de una pareja de mujeres, pueden intentar un ciclo de inseminación artificial con donante que es una de los procedimientos más económicos dentro de la reproducción asistida, en el que a una de las mujeres se le inseminará con semen de un donante de esperma. Pero si se prefiere algo más participativo para ambas, se puede optar por el método ROPA que es una fecundación in vitro en la que la primera mujer aportará los óvulos a la segunda para que ésta geste los embriones que se generen de esos óvulos. Es como una maternidad compartida en la que ambas pueden sentirse partícipes” aclara.

Antes de acudir a un proceso de fertilidad asistida debemos “Tener muy claro que un tratamiento de fertilidad nos puede ayudar a conseguir el objetivo de tener un bebé, pero que no nos lo puede garantizar”. “Muy pocas veces se habla de la montaña rusa emocional que supone y mucho menos las consecuencias que puede tener a nivel personal y de pareja” matiza la embrióloga clínica.

Durante estos procesos, no solo se pierde pasión en relaciones, se siente incertidumbre o soledad, sino que en la mayoría de los casos hay un gran desgaste emocional, físico y económico al que a veces hay que ponerle un punto para que no nos dañe más. Uriarte afirma que “Es importante que antes de empezar un tratamiento, sepamos no sólo los aspectos médicos, biológicos y técnicos del proceso, sino también el tiempo que nos va a suponer. Si nos fijamos en el tiempo que dura un ciclo de fecundación in vitro podemos pensar que es algo que podemos asumir fácilmente, pero el problema viene cuando ese ciclo que estimábamos se empieza a alargar por distintos motivos. Además, hay otro aspecto importante y del que no nos podemos olvidar, el económico. Tenemos que ser muy realistas a la hora de empezar un tratamiento y saber cuánto nos podemos gastar y hasta dónde somos capaces de llegar no solo económica, sino emocionalmente”.

La maternidad no es un camino que comienza con el nacimiento de un bebé, sino con el deseo de ser madres y, por muy fuerte que sea ese deseo, no nos debemos olvidar de nosotras mismas.