Laia está sentada en el sillón: le encanta pintar y ha echado mano de los rotuladores (y no de esas ceras estupendas que no manchan) y los folios… Por supuesto, al cabo de media hora compruebas con horror que el brazo del sofá está lleno de rayas de colores… ¿qué hacer?

Es verdad que, a determinadas edades, nos da la impresión de que los niños cometen una trastada tras otra y esto puede ser bastante exasperante y es que simplemente los pequeños están descubriendo, experimentando…. Reñir constantemente no es beneficioso: “Eso acaba mermando la confianza que pudiera tener en sí mismo, o sea, hacer de policía constantemente es contraproducente”, afirma Charlotte Ducharme en su obra 'Padres molones, niños felices'.

Entonces, ¿qué debes hacer?

Lo primero, aunque parezca una perogrullada, es adaptar el entorno a su edad y seguro que si tienes hijos, sabes de lo que hablamos: cubre enchufes, cierres de seguridad en botiquines y armarios de producto de limpieza, barreras en cocina y escaleras, etc.

Aparte de lo anterior, si queremos que respete determinadas prohibiciones puedes recurrir a las siguientes estrategias:

- En vez de reñir, hacerle partícipe de nuestros temores en un tono de voz adecuado, sin gritos ni dramas: “Me da miedo que…”

- Retirar o alejar el objeto que provoca el conflicto.

Trastada | iStock

- “Intentar entender la necesidad del niño y buscar una alternativa para satisfacerla”, explica Ducharme.

- Proponer alternativas: “No puedes pintar en el sofá, pero mira, podemos coger las ceras y pintar en de la mesa”.

- Desviar su atención: esta técnica suele funcionar maravillosamente con los más pequeños y seguro que te evitará alguna que otra rabieta. Por ejemplo, Eva quiere a toda costa el pintalabios con el que te estás pintando. Pues en vez de reñirle si lo coge, le dices que entiendes que se quiera maquillar y que vais a comprar para su cumpleaños una caja de maquillajes para cara y así podrá disfrazarse con sus amigos. Por ejemplo.

También es importante, si la ha liado y es gorda (no te olvides que no podemos hacer de cada trastada un drama, también tenemos que aprender a relativizar), darle la oportunidad de reparar el daño generado. Lo primero que tienes que chequear es su intencionalidad (si había mala intención o no). “Ayúdale a tomar conciencia de lo que ha hecho y expresa un malestar proporcionado a la travesura”, comenta. una vez que el error ha sido reparado, es importante que reflexionéis juntos para evitar que se vuelva a dar la misma situación.

Por supuesto que hay que protegerles de determinadas situaciones pero no te olvides que “Si no estamos encima de ellos constantemente les permitiremos que vayan adquiriendo responsabilidades”.