Cuando están de buenas, tu casa es un paraíso pero ay cuando surgen las disputas (cosa que sucede a menudo), entonces la habitación o el salón se convierten en ring de boxeo. ¿Tienes más de un niño pequeño y sabes de qué hablamos? ¿Te suenan las riñas entre hermanos? ¿Qué uno esté chinchando al otro cada vez que tiene oportunidad?

Si todo lo anterior te suena, venimos a tu rescate. No te prometemos que las peleas entre los hermanos/as se vayan a terminar, pero sí que las vivirás de diferente forma. El primer consejo importante es evitar hacer de árbitros, algo a lo que recurrimos con relativa frecuencia: “Intervenir en las disputas entre hermanos plantea dos problemas. Por un lado, les enseñamos que deben acudir a nosotros a l amenor ocasión en lugar de defenderse solos. Es fundamental que enseñemos a nuestros hijos a resolver sus problemas. Además, si tomamos partido por uno, lo más probable es que al otro le parezca injusto, y seguramente tendrá algo de razón porque, por lo general, las culpas están repartidas”, dice Charlotte Ducharme, autora del libro ‘Padres molones, niños felices’.

Así, ante un conflicto, en lugar de intervenir rápidamente, que es lo que solemos hacer, conviene esperar y desarrollar una escucha activa. Así, cuando algo suceda pídeles que expresen sus sentimientos, cómo se sienten, en lugar de acusar al otro/a. verbalizar sus sentimientos les ayudará a entenderse y a que el otro/a genere empatía.

El recurso del sentido del humor tampoco está de más en estos asuntos: si son triviales, relativiza y enséñales también a relativizar.

Niños enfadados | iStock

Lo importante es olvidarte de tu capa de justiciera, de juez que resuelve los conflictos, y dejar que sean ellos quienes se enfrenten al problema y si tienen edad para ello, que aporten soluciones. Así, como caja de herramientas básica, Ducharme plantea lo siguiente:

- Cuando veas que se acerca la tormenta, evita tomar partido y aguanta el chaparrón.

- Reformula y ayúdales a reformular lo que sienten.

- Ayúdalos a encontrar la solución por sí mismos.

Si, pese a lo anterior, estalla la pelea, invítalos a que se pongan en el lugar del otro y evita que se golpeen y que se hagan daño. Si es necesario, hablad de ello más tarde, a solas, una vez recuperada la calma.

“No digo que con estos consejos hagan desaparecer todos los conflictos entre hermanos pero, a menos rivalidad y menos celos, menos peleas. Por supuesto, siempre se pelearán por una cosa u otra pero no pasa nada, de hecho, es normal. Lo esencial es que les enseñemos a gestionar los conflictos para que cesen rápidamente y que el rencor no se instale en ninguno de ellos”, finaliza.