¿Te suena algo de esto?

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Así es la vuelta al cole cuando eres una madre desastre

Vuelta al cole: olor de lápices de colores a estrenar (qué maravilla de olor, por cierto), nuevos estuches, mochilas, libros (que te costarán un riñón y parte del otro)… Se acaban las vacaciones y vuelve la rutina, del trabajo y del colegio para los pequeños. Y el tuyo, querida madre desastre, también vuelve al cole.

Material escolar
Material escolar | iStock

Lucía Martín (@Luciamartin) | Madrid | 31/08/2018

Como no has sido previsora (de serlo, no estarías en la categoría de madre desastre) y habrás dejado todo (o mucho) para el último momento, te tocará correr y hacer las cosas como las haces habitualmente: como buenamente puedes. Porque no, tú no has comprado el material escolar al inicio de las vacaciones (justo el día que fuiste a pillarle un cuaderno de vacaciones para que las aprovechase e hiciese algo útil). No. Y todo eso repercute en el primer día de clase de tu hijo. Y en su mochila. La cosa será así, más o menos:

- Chino de la esquina, tu salvación: te dan la lista del material escolar que va a necesitar. Tantos cuadernos de cuadritos, tanto de rayas, gomas, lápices de colores, de dos colores, etc. Y tú la tienes ahí, pochando como la cebolla, encima de la mesa (o la has perdido, que también puede pasar). Si la tienes, cuando sales a comprarlo se te olvida, con lo cual solo compras los cuadernos, que es de lo que te acuerdas. Y no todos, se te olvidó el de Música. El chat de madres (oh, poderosa herramienta que te deja claro, día sí y día también, que la gente tiene mucho tiempo libre y que tú eres un auténtico desastre) es tu recurso para preguntar qué tipo de lápices habían pedido en el cole. ¿Mochila nueva? Ni hablar: inspeccionas visualmente la del año pasado y la metes en la lavadora porque concluyes que sirve (a pesar de que el niño grita enrabietado que sus amigos la llevan nueva y de que tras el lavado parezca un higo paso). Y no falla: algo se te olvidará. Fijo. Y por eso, el día del inicio del curso tendrás que pasar rápidamente por el chino de la esquina a buscarlo, tu salvación.

Mujer ligeramente desesperada | iStock

- Momento forro de los libros: ay los libros, que te cuestan un pastizal y por eso hay que forrarlos (y porque tus padres los forraban y es una tradición que hay que mantener aunque sea un tostón). Hasta ahora, lo hacías con el forro tradicional: toda una clase de manualidades de corta el tamaño correcto del libro y pega con celo que te llevaba toda la tarde (¿por qué hay tantos libros?) y ocupaba toda la mesa del salón. Hasta que te hablaron del forro adherente. Te pareció, así en frío, algo mágico. En realidad es una trampa, cuando te toca forrarlos a ti: si lo hace tu ex, el libro queda impoluto, ni se nota que lleva forro. Si lo haces tú, quedarán burbujitas de aire por doquier, en plena portada, para que se vea bien.. y ay de ti como intentes despegarlo para volver a intentarlo. Te lo garantizo: ponte de buena hora con esta labor, tipo las 7 de la mañana, porque como la inicies por la tarde, son las doce de la noche y ahí sigues en el salón.

- Se te olvida la merienda y el niño tiene que mendigar en el patio. No te agobies, es bastante probable que el primer día del cole o incluso, la primera semana, tu chico/a lleve la mochila incompleta. O falta material, o no le has comprado lo que necesitaba del uniforme (y debe ir con una camiseta que le queda corta) o se te olvida poner la merienda. Lo que sea, pero algo faltará. No te hagas mala sangre, la imperfección forma parte de tus encantos. ¿Verdad?

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