Estamos de acuerdo contigo, la teoría es sencilla, pero luego, ponerla en práctica es algo más complicado, sobre todo cuando se trata de enanos. Las rabietas son muy habituales a edades tempranas. Lo primero que hay que entender, aunque podamos pensar lo contrario, es que el niño no está teniendo una rabieta para enfadarnos o retarnos sino que simplemente está teniendo una emoción que no sabe cómo gestionar, cómo canalizar.

Entender esto es esencial como punto de partida, porque te ayudará a ponerte en su lugar y a mantener la calma. Y esto es FUNDAMENTAL. Lo sabemos, que le dé una rabieta justo en la cola del supermercado, cuando vas a pagar y tienes delante a público, es una situación bastante embarazosa en la que es difícil no perder los nervios. Pero por eso mismo y porque cuanto más nerviosa te pongas, peor se pondrá la criatura, hay que intentar conservar la calma.

- Calma: ese es el punto esencial. Respira, respira mucho y cuenta hasta cien o mil. Pero no pierdas los nervios, no grites, no le des ningún azote. Si ves que la situación se te va de las manos demasiado a menudo y reaccionas como no debieras (y luego te arrepientes, claro está), quizás sea conveniente que consultes a un profesional para que te dé pautas. Eres su ejemplo a seguir, si te ve siempre pegando voces o enfadado, lo repetirá más tarde y por supuesto no podrás quejarte cuando le vegas gritando enfadado por algo.

Niña enfadada | iStock

- Ponerte en su lugar: imagínate, estás tan a gusto en la piscina o con amigos y viene alguien y te “corta el rollo” y te dice que hay que irse. Claro, eso fastidia a cualquiera, más si tienes tres años. Por eso, si sabes que le va a fastidiar algo (irse del parque, salir de la piscina, dejar de jugar porque hay que recoger y cenar…), anticípate a ello: nadie le conoce mejor que tú. Una buena estrategia es que unos diez minutos antes le avises: “En diez minutos tenemos que irnos, ¿vale?” O “Te dejo quince minutos más pero luego nos vamos”. Así estás haciéndole partícipe de la decisión antes de que ocurra repentinamente.

- Busca señales que predigan la rabieta y trata de evitarla. Cuando eres madre de niños pequeños siempre hay que tener varios planes, varias alternativas: eso te ayudará a reaccionar mejor en caso de hecatombe. El plan B es súper necesario cuando hablamos de enanos.

- Hay quien defiende que lo mejor es ignorar la rabieta (esto, cuando estás en casa es más fácil, pero en público resulta bastante complicado) pero en realidad lo mejor es dialogar con él. Siempre entendiendo ese dialogar adaptado a su edad (no es lo mismo un niño de poco más de dos años que uno de cinco). Trata de hacerle entender que quizás lo que quiere en ese momento no es posible y plantea una alternativa (lo del plan B que decíamos más arriba). “No puedo comprarte chuches ahora pero quizás podemos ir a casa y jugar con los puzles”. Que vea que hay otras posibilidades.