Laia acaba de salir del cole y pasan junto a su cafetería favorita, esa en la que tienen los donuts de chocolate blanco y nubes que tanto le gustan. Su madre ha llegado a un acuerdo con ella: solo puede comerse uno a la semana y siempre que se haya portado bien, el problema es que esta semana ya se lo ha comido y monta un espectáculo en la puerta porque quiere entrar y comerse el segundo… Su madre repite y repite que no, que ese no es el acuerdo pero Laia sigue en sus trece….

¿Te suena lo del berrinche porque un niño no se salga con la suya? ¿Cuántas veces dices que no y no da resultado o el resultado es una escandalera de infarto? Charlotte Ducharme, en su libro ‘Padres molones, niños felices’, proporciona una caja de herramientas básica para decir que no evitando el escándalo:

- Se deben establecer normas sólidas.

- Evitar decir que no con inseguridad.

- Decir no con firmeza, pero sin mostrarse autoritario.

Cuando haya un no de por medio, prueba a decir las cosas con un tono de voz más ligero. Un ejemplo: “En lugar de “Se te ha vuelto a caer la servilleta al suelo”, podemos decir sencillamente “La servilleta, cariño”, para que la recoja y se la ponga bien y así evitamos el tono de reproche”.

Charla con niños | iStock

La clave estaría en formular la frase de otra forma, evitando las palabras hirientes y con juicios de valor. Además, podemos decirles qué debe hacer en lugar de lo que no debe: “En lugar de decirle no berrees más, podemos darle consejos para que se calme “Si estás enfadado, para un momento, ve a un lugar tranquilo que te guste y céntrate en la respiración durante unos instantes”. Por ejemplo.

También es de ayuda acudir al sentido del humor que, como sabemos, quita hierro en muchas situaciones. También podemos optar por no decir nada: “Si estamos haratos de repetir siempre lo mismo o si el problema le concierte a él directamente, podemos optar no por no decir nada. por ejemplo, si se le ha olvidado la merienda, ya se dará cuenta a lsa cuatro de la tarde cuando tenga hambre, seguro que no se le pasa dos veces”.

Es importante saber decir no, mantenerse firmes, sin mostrarse autoritarios y no olvidar que si criticamos al niño le enseñamos justo a criticar y es muy probable que, cuando sea adulto, incluso antes, reproduzca esa misma manera de hacer.

Y no olvidar el tono y la actitud cuando decimos no: “Los niños siempre aceptan mucho mejor los límites claros y firmes que los que se presenta con inseguridad”, aclara la autora.