El café es antioxidante, ayuda a combatir la diabetes y puede ser un buen aliado para aliviar las migrañas, pero si no es de calidad o está procesado, puede ser realmente dañino para nuestro organismo. Desmontamos los falsos mitos del café para que tomarlo siga siendo un placer.

El color. Depende del tueste, pero un buen café natural nunca es oscuro. A menos nivel de tueste, este será más claro, mientras que, si el tostado es superior, el color del café será casi negro, pero mantendrá un aspecto aguado, como de infusión. Si tiene un color negruzco y una textura espesa, estaremos ante un café torrefacto, es decir, no natural, pus se consigue tostando los granos de café con azúcar hasta prácticamente garrapiñarlos.

El aroma. Por el olfato se puede reconocer si un café es de alta o baja calidad. Como sucede con los vinos, los aromas más agradables suelen ser florales, frutales, a chocolate, incluso a caramelo. Sin embargo, rechaza los aromas a madera o tierra, pues no pertenecen a la gama aromática del café e indican algún tipo de procesado.

El sabor. Este es uno de lo grandes mitos del café. Mucha gente considera que su sabor debe ser amargo, pero en realidad es todo lo contrario. Una taza de café de tueste natural no debe necesitar apenas edulcorante de ningún tipo, pues ha de mantener su dulzor original. Además, la leche también aportará sus azúcares. Un buen café debe tener un equilibrio entre la acidez y el dulzor, pero nunca ser amargo. Si tienes que echarle tres cucharadas de azúcar para poder bebértelo, mejor pide un té.

El tueste. El tueste puede ser natural o torrefacto, y delimitará la calidad del producto y, por lo tanto, de la salubridad del mismo. Como apuntábamos, al natural no se le añade azúcar durante el tostado. Al torrefacto sí. Se trata de una práctica que comenzó a extenderse en España en épocas de escasez para camuflar los defectos de un grano de mala calidad, y también para aumentar tramposamente su peso. Por su parte, la fecha de tueste no nos habla de la caducidad. Fijarse en ella nos permitirá conocer su grado de frescura, un factor fundamental para disfrutar un buen café.

Café | iStock

Las variedades. Hay diferentes variedades de café pero las más consumidas son arábica, con menos cafeína y un sabor más suave y, robusta, con una calidad mayor y un buen equilibrio entre aroma, cuerpo y acidez. Conocer el origen (Colombia, Brasil, Etiopía) así como las variedades, nos permitirá elegir el café según nuestros gustos.

La cafeína. Nos preocupa más la cafeína que la procedencia, el tipo de tueste o el recipiente, y eso que el café puro tiene muy poca. El arábica ronda el 1,2% de cafeína y el robusta, el más consumido en nuestro país, el doble.

La taza. El recipiente es importante. Pues una mala elección puede arruinarnos la experiencia. Una taza de cerámica siempre será mejor que un vaso de cristal, porque ayudará a mantener la temperatura adecuada. Si tienes alma de barista, la taza ideal para un espresso o un capuccino es la cónica, ya que la bebida se desliza por sus paredes y al caer forma una crema uniforme de color avellana.

La temperatura. El café debe poder tomarse recién servido, sin esperar a que se enfríe. No tiene que abrasar. Y, por supuesto, se puede tomar frío (de hecho, las semillas de café potencian su sabor en frío), aunque para ello existen preparaciones específicas. La temperatura es un factor clave a la hora de preparar el café perfecto. Para los expertos, si se toma por encima de los 80ºC, se pierden tonalidades y aromas.

Las bondades. Lejos de lo que podamos pensar, una taza de café es idean antes de echarse una cabezadita. Después de 20 minutos de sueño, la cafeína habrá hecho su efecto activador y te encontrarás despejada para continuar con el día. Un buen café nos mantiene alerta y nos ayuda a quemar grasas. Sus nutrientes esenciales disminuyen el riesgo de padecer enfermedades como la diabetes, el Alzheimer o el Parkinson. Eso sí, como siempre, con precaución. No se recomienda tomar más de 3 tazas al día. Un consumo responsable nos mantendrá sanos y preparados para disfrutar de todas las bondades del café.