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GUÍATE POR LA SED

No necesitas beber dos litros de agua al día: es un mito

¿Cuántas veces te han hablado de la importancia de beber 8 vasos de agua al día? Pues esta creencia no tiene base científica.

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Hace unos 20 años que la ciencia demostró que la creencia no era cierta, pero la idea estaba tan asentada que todavía no ha habido forma de quitárnosla de encima.

¿Existe una cantidad mínima recomendable de agua?

La cantidad ideal depende de muchos aspectos, incluidos el peso y la edad de cada individuo. No puede necesitar la misma cantidad de agua una persona sedentaria de 150 kilos que una deportista de 50. Pero incluso aunque todos pesáramos lo mismo y tuviéramos el mismo volumen de actividad, seguiría sin existir una cifra exacta.

Lo ideal, recomiendan los expertos, es guiarse por la sed. Mientras no exista un problema de salud que nos impida ser conscientes de cuánta agua necesitamos para estar hidratados, escuchar a nuestro cuerpo debería ser suficiente. Los ancianos y los niños más pequeños podrían ser la excepción, pues en un caso no son tan conscientes y en otro pueden tener problemas para comunicarnos su necesidad.

¿Debemos obligarnos a beber más en verano?

Esta recomendación es aplicable en cualquier época del año. La sed nos informará en verano de que tenemos que beber más, y no avisará con menos asiduidad en invierno. En el periodo estival, no debe preocuparnos estar bebiendo menos de lo 'recomendable' porque no existe una cantidad perfecta.

¿Y si nunca tengo sed?

En ocasiones, las personas se sienten hidratadas con el consumo de alcohol, y sin embargo están recibiendo el efecto contrario, pues la producción de la hormona antidiurética (HAD) se ve alterada. Es uno de los casos en los que la sed puede confundirnos.

El color de la orina puede ayudarnos también a evitar despistes. Cuando no existen medicamentos u otros factores que puedan alterarlo, un color muy oscuro podría alertarnos.

No sólo nos hidrata beber agua

No obstante, la cantidad de agua que estimemos que neceita nuestro organismo no sólo se refiere al agua mineral o a la que bebemos del grifo, sino que incluye todos los líquidos que ingerimos a través de los alimentos: una pieza de fruta, un plato de lentejas o un vaso de leche también nos hidratan.

Ocho vasos al día serían, por lo tanto, una cantidad de agua previsiblemente superior a la que precisamos. Existe, de hecho, una enfermedad que nace de esta obsesión por beber agua. Se denomina 'potomanía' y es conveniente tratarla para que no exista una repercusión dañina. Hablamos de personas que superan en los 4 o incluso 6 litros al día, y que habitualmente presentan también trastornos alimenticios.

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