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RIESGOS

¿Te han caducado los yogures en la nevera? No los tires

Abres la nevera y allí está: ese yogur al fondo mirándote con ojos de pena. Revisas la etiqueta y… caducado. ¿Lo tirarías? Ahora ya tienes un argumento más para no hacerlo.

¿Te han caducado los yogures en la nevera? No los tires

iStock ¿Te han caducado los yogures en la nevera? No los tires

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Una marca de yogures anuncia que va modificar la fecha de caducidad de los yogures por fecha de consumo preferente. ¿Se puede hacer eso? ¿Supone un riesgo para nosotros? ¿Tenía razón aquel ministro de agricultura que dijo que se comía los yogures caducados? Empecemos dando un paso atrás.

Para comprender la importancia de esta noticia es necesario tener claro cuál es la diferencia entre fecha de caducidad y la de consumo preferente.

La fecha de caducidad se utiliza en alimentos perecederos y, una vez sobrepasada la fecha, el consumo del alimento puede suponer un riesgo para nuestra salud.

En el caso de la fecha de consumo preferente, una vez sobrepasada, las características organolépticas (olor, color, sabor y textura) van a verse disminuidas o alteradas, pero no supone un riesgo para la salud.

Básicamente hay que pensar en, por ejemplo, una pechuga de pollo pasadas tres semanas de fecha de caducidad en la nevera. ¿Lo comeríais? Obviamente no. Pero unas galletas en un armario con un par de meses de fecha de caducidad sobrepasada estarán blandas, quizá rancias… pero no te va a suponer una intoxicación.

¿Cómo se identifica?

La fecha de caducidad o consumo preferente se debe indicar en el etiquetado de los alimentos y sí se diferencian en el texto con:

Consumir preferentemente antes del: donde si indica el día.

Consumir preferentemente antes del fin del: si indica el mes.

“Fecha de caducidad”: y la propia fecha o una referencia al lugar donde está la fecha.

Hay que mirarlo, sí. Qué fecha es y si se trata de una o de otra.

¿Cómo se elige una u otra?

Los huevos tienen una fecha regulada de consumo preferente de 28 días desde la puesta, pero para el resto de productos es la propia empresa la que tiene que realizar análisis de vida útil (lo que dura el producto en el envase). Incluso si es necesario, la vida útil secundaria, que es lo que dura el alimento una vez abierto, esto también se declara en el etiquetado. Hay diferentes métodos para realizar y sí, tenemos un margen de seguridad, por si acaso no guardáis los alimentos como nosotros lo hacemos.

¿Por qué cambia el yogur de un estado a otro?

Empezaremos diciendo: ya era hora. La normativa permitía que la propia empresa eligiera poner “consumo preferente” o “caducidad”. ¿Qué iban a elegir? Pues claro, caducidad, porque cuando se pasa esta fecha, tiraríais el yogur y compraríais más. Pero si analizas las características del producto, esta decisión no estaba basada en datos objetivos:

- Es un alimento con pH ácido.

- Procede de leche pasteurizada.

- Se almacena cerrado y a temperaturas de refrigeración.

- Está repletito de bacterias ácido-lácticas que actúan competitivamente con otras.

Todos estos factores uno a uno dicen poco, pero todos juntos dan argumentos suficientes para poderlo clasificar como consumo preferente… como ya se hace en otros países europeos.

Es una medida lógica y necesaria para igualarnos competitivamente al resto, pero no sólo eso, sino que, como consumidores, debemos implicarnos en reducir el desperdicio alimentario. Un paso previo a eso es la transparencia de la industria en cuanto a información correcta para poder tomar nuestras propias decisiones.

Lineal de yogures
Lineal de yogures | iStock

¿Con cuánto tiempo se puede consumir una vez pasada la fecha de consumo preferente?

Es una buena pregunta. Un yogur no es una galleta, eso es evidente. Sí es posible que al abrirlo podamos encontrar moho. Se ve fácil, es verde. En ese caso, ese yogur no se puede consumir.

Si las características organolépticas están alteradas y no veis claro comerlo: no lo hagáis. Ya está. Es cierto que esta teoría no vale para todos los alimentos: hay muchísimos microorganismos patógenos que no alteran las características del alimento (Listeria, Salmonella, E.coli…) así que lo de “la carne lleva cinco días en la nevera pero yo no la veo mal, total, no huele muy mal”, no vale. Con la fecha de caducidad no se negocia.

El sentido común es importante en todo y la alimentación no iba a ser menos. Si algo no te convence, no lo comas.

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