Cuando los niños son bebés, les tenemos todo el rato a nuestro lado, pero según van creciendo, nuestros hijos van forjando su identidad y empiezan a demandar más autonomía. Los niños nacen con un temperamento y este no cambia a lo largo de la vida, uno nace con él y se muere con él. Otra cosa es el carácter y la personalidad, que podemos educarlo y moldearlo.

En este proceso, juega un papel muy importante cómo son los padres. Tenemos que transmitirles muchos límites, mucha seguridad y mucho amor, pero con cuidado, porque la hiperprotección lo que genera es dependencia y que el niño, por ejemplo, en una situación de iguales, no sepa defenderse. A los pequeños hay que prepararles para moverse en la incertidumbre, para pensar, para sentir y para hacer, y eso desde muy corta edad.

La sobreprotección es un maltrato

“No me atrevería a decir que la sobreprotección es un maltrato, pero sí que es cierto que deja a la persona incapaz para la vida, porque la vida no es un parque temático. En la vida la gente es herida y hay miles de circunstancias. Por ello debemos preparar a nuestros hijos no solo para el presente sino también para el futuro, para sobrevivir, en el mejor sentido de la palabra, y para no pedirle a la vida más de lo que ella puede ofrecernos”, explica Javier Urra.