El Whatsapp llegó a nuestras vidas hace ya unos años y desde entonces no podemos vivir sin él. Se trata de una aplicación de mensajería instantánea que, a priori, no reviste ningún riesgo, pero que un uso indebido de la misma puede acarrear muchos problemas a los padres y, sobre todo, a los hijos.

“Lo primero que tenemos que hacer es hablarles de la privacidad. Las conversaciones entre dos personas son privadas y no son para difundirlas, porque en el momento que lo hagas, ya estás cometiendo un posible delito”, explica Marta Rodrigo.

“También -añade esta criminóloga- hay que hablarles de los peligros que, a día de hoy, tienen los grupos de Whatsapp, donde cada vez más se dan situaciones de ciberbullying, como el hecho de aislar a una persona o reírse de ella. Y aquí, todos los componentes del grupo tienen su responsabilidad, no solo el que acosa sino también el que ríe las gracias o el que refuerza lo que dicen los acosadores, y, como no, los que callan y no denuncian lo ocurrido”.