La sudoración excesiva se conoce como hiperhidrosis, una enfermedad que afecta a un 3% de la población mundial, según una revisión de investigaciones elaborada por científicos del Hospital Clínic i Universitari de Barcelona. Según este estudio, la hiperhidrosis da lugar a una disminución de la calidad de vida en las personas que la sufren que afecta a las relaciones sociales y las actividades profesionales, pudiendo dar lugar incluso a la fobia social. Pese a que las personas con hiperhidrosis suelen padecerla en mayor o menor medida durante todo el año, las altas temperaturas dan lugar a un incremento considerable en la producción de sudor.

Existen dos tipos de hiperhidrosis. La primaria suele ser hereditaria (es habitual que se encuentren varios casos en una misma familia) y no deriva de otras enfermedades, mientras que la secundaria puede estar ocasionada por patologías como el hipertiroidismo o asociarse a cambios hormonales como los que tienen lugar en la menopausia. La sudoración excesiva suele afectar, sobre todo, a manos, pies y axilas, aunque puede presentarse en diversas partes del cuerpo como el rostro o la espalda (en el caso de la primaria). La secundaria, por su parte, puede ser focal o generalizada y afectar a la mayor parte de la superficie corporal.

Sea cual sea nuestro caso, lo cierto es que el exceso de sudor puede resultar problemático e incluso inhabilitante, especialmente cuando suben las temperaturas, llevamos menos ropa y pasamos más tiempo fuera de casa. Por suerte, existen diversos tratamientos, desde los más inocuos hasta otros más invasivos, que pueden mejorar mucho el exceso de sudoración, llegando incluso a eliminarlo por completo.

Medicamentos anti transpirantes

De venta en farmacias, son sustancias que se aplican directamente sobre la piel y que resultan bastante efectivas para aquellas personas que presentan una sudoración leve o moderada. Su eficacia se basa en los efectos del cloruro de aluminio, que tapona las glándulas ecrinas y desestructura la queratina. Para que estos productos sean efectivos, deben aplicarse de forma constante entre dos y tres veces por semana en la zona afectada (aunque en un principio tal vez sea necesario utilizarlos con más frecuencia), siempre con mucho cuidado, ya que pueden producir irritación sobre la piel. Pese a que se prescriben sin receta, lo mejor es ponerse en manos de un profesional para que valore cada caso particular.

Sudor en las axilas | iStock

Anticolinérgicos

Este tratamiento que se administra por vía tópica, generalmente mediante una toallita, actúa sobre la acetilcolina que se libera con la sudoración, bloquea la función de la glándula sudorípara y, por tanto, la producción de sudor. Como efectos adversos, la acetilcolina interviene en procesos como la salivación, que también se inhibe, de manera que puede dar lugar a cuadros de boca seca, dolor y sequedad en la garganta, dolor de cabeza y ojos, piel y nariz secos. Es una de las terapias más antiguas, cada vez menos utilizada tras la aparición de otros tratamientos más efectivos y con menos efectos secundarios.

Toxina botulínica

Las inyecciones de bótox tan populares para frenar el envejecimiento de la piel funcionan muy bien también para inhibir el sudor. La aplicación de bótox inhibe la liberación de la acetilcolina en la unión neuromuscular, y se aplica mediante inyecciones –del mismo modo que se hace en el rostro– en las zonas afectadas. Entre sus ventajas se incluye su alta eficacia, puesto que si bien en muchos casos las inyecciones no eliminan por completo la producción de sudor sí que lo reducen considerablemente, y entre los contras encontramos que los pinchazos son dolorosos y que el tratamiento dura entre 4 y 6 meses, de manera que hay que repetirlo periódicamente. Es, sin duda, el método más popular en el momento actual.

Iontoforesis

Se trata del paso de corriente eléctrica débil a través de la piel, en un baño de agua, que bloquea la actividad de las glándulas sudoríparas. Es un tratamiento ambulatorio, de gran eficacia, que puede conseguir la eliminación de hasta el 70% del sudor en zonas localizadas. Para que su eficacia se note, son necesarias varias sesiones semanales de unos 30 minutos.

Cirugía torácica

Se recomienda solo en casos muy severos y pese a que los resultados suelen ser efectivos y mejoran notablemente la calidad de vida de buena cantidad de pacientes, no ocurre así en todos los casos y, por tanto, son muchas las personas que muestran reticencias a someterse a la operación. Se trata de una simpatectomía torácica endoscópica bilateral cuyos resultados son inmediatos, que requiere de anestesia general y bloquea el estímulo nervioso de regulación anormal del sudor. Se ha descrito, sin embargo, la aparición de un sudor compensatorio tras la operación en algunas partes del cuerpo como espalda, glúteos, ingles o muslos. Para algunos pacientes este sudor reflejo suele ser de menor intensidad y más llevadero que la hiperhidrosis localizada, aunque otros señalan que el nuevo sudor aparecido tras la operación puede llegar a ser incluso más inhabilitante que el anterior.

Microondas

Es una de las técnicas más innovadoras, que consiste en la destrucción térmica de las glándulas sudoríparas a través del calor. Cada sesión dura unos 40 minutos y se realiza en la consulta del dermatólogo. El problema es que no solo es una de las técnicas más caras del mercado, sino que también puede resultar dolorosa, de manera que en ocasiones requiere de anestesia local. Este método presenta una disminución comprobada de entre el 60 y 90% de la sudoración axilar.