No siempre nos desmaquillamos todo lo bien que deberíamos, ni tampoco utilizamos siempre el tónico de la manera adecuada. Resolvemos todas tus dudas con la ayuda de los expertos.

Nos encanta usar el tónico con algodón porque elimina los restos del maquillaje que hayan podido quedar. Sí, pero quizás deberíamos replantearnos nuestra rutina de belleza, porque si el algodón ha quedado sucio significa que los primeros pasos (los más importantes) han fallado por completo. “El algodón siempre debe salir limpio porque ha de aplicarse sobre un rostro bien higienizado”, explica Elisabeth San Gregorio, directora técnica de la firma Medik8.

El tónico se aplica en muchas ocasiones con algodón por facilitar el proceso, pero no siempre tiene que ser así. “Podremos aplicarlo con la mano, una manera más recomendable en pieles sensibles con tendencia a irritarse por la fricción”, añade Raquel González, de Perricone MD. Creemos que tenemos claro el concepto de lo que es un tónico y para qué sirve, pero puede que no sea el correcto.

Un tónico se concibe como el último producto de la rutina de limpieza, pero no como un aliado limpiador que se encargue de rematar la faena, sino más bien como un ‘equilibrante’ de la piel después de haber limpiado el tejido, Es decir, una manera de eliminar impurezas, pero no suciedad.

Por otro lado, “el tónico facial es útil para erradicar los restos de las aguas con más cal, por ejemplo, en zonas de playa, evitando que se depositen en nuestro rostro”, añade Bella Hurtado, training manager de Aromatherapy Associates.

Limpieza cutis | iStock

Entonces, ¿cuál es el fallo?

El primer fallo parte de no haber hecho una limpieza adecuada. La razón es muy sencilla: lo hacemos mal porque solo solemos recurrir a un limpiador, cuando cualquier limpieza de la piel debería hacerse en dos fases: “Primero con un producto de base lipídica y luego con otro que ayude a terminar de limpiar y trate la piel”, explica Estefanía Nieto, directora técnica de Omorovicza.

Cada limpiador es más o menos afín a un tipo de suciedad, por ello debemos usar siempre dos. Si uno no consigue eliminar del todo esas impurezas que se asientan en nuestros poros, lo hará el otro. Mientras que los limpiadores de base oleosa son mejores para retirar la suciedad producida por la contaminación, el maquillaje y los filtros solares, los otros son necesarios para eliminar el resto de impurezas, mientras tratan problemas específicos de la piel, como los puntos negros, la falta de luminosidad o los signos de la edad.

Y el tónico, ¿cuándo y cómo?

Después de ese doble proceso de limpieza, podemos estar tranquilas. Nuestra piel está libre de suciedad. Es el momento de usar el tónico y hacerlo de la manera adecuada para que cumpla su verdadera función. “Este producto nos ayuda a equilibrar la piel, y para saber cuál usar debemos ver qué necesidades específicas tenemos: imperfecciones, manchas, tono cetrino, poros abiertos”, añade Nieto.

Lo aplicaremos con un algodón o, si lo preferimos, con la mano, masajear brevemente para dejarlo repartido sobre el rostro de manera uniforme. “Si la cara ha quedado limpia, el tónico se ocupará ya de producir un efecto positivo según esas preocupaciones concretas”, concluye San Gregorio.