El recién elegido presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se ha convertido en toda una estrella entre los jóvenes que utilizan la red social Twitter.

El ya apodado como presidente 'millennial', además de ser el presidente más joven de un país de América Latina es un gran usuario de Twitter.

Unos días en el poder le bastaron al nuevo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, para llevar al Gobierno a la era de las redes sociales y sacudir la política del país vía Twitter, plataforma desde la que ordena obras y despidos de personas vinculadas con el anterior Ejecutivo.

Bukele, de 37 años, convirtió así la reconocida plataforma en su despacho virtual y dejó atrás el silencio acostumbrado de su antecesor, Salvador Sánchez Cerén, en los espacios digitales, que él aprovecha incluso para dar órdenes a sus seguidores o autopromocionar su imagen al estilo más narcisista.

"Oficialmente soy el presidente más cool del mundo", publicó Bukele, de la derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), junto al vídeo de un youtubero mexicano el 6 de julio. Horas después, añadió: "se les ordena a todos darle like y así ser el presidente de Twitter".

 

Su última broma: con el 'youtuber' Auronplay

El 'youtuber' Perxitaa escribía a través de Twitter al presidente de El Salvador para recriminarle que no le habían llegado los billetes de avión para visitar el país. "Me estoy poniendo nervioso", aseguraba el joven.

Un mensaje que no tardó en obtener respuesta por parte de Bukele, que de manera tajante le dijo: "Se le ordena comprarlos usted mismo de su salario como 'youtuber'".

Un comentario que no pasó desapercibido al 'youtuber' español AuronPlay, que respondió alabando al presidente: "Así se habla, mano dura".

El comentario del español llegó a Bukele, que haciendo gala de su humor, escribió: "Por Decreto Presidencial, nombro a AuronPlay como mi ministro de Youtube". El tuit no tardó en viralizarse y ya tiene más de 34.600 'me gusta'.

 

El despacho 2.0

La primera orden desde su despacho 2.0 fue sencilla, pero con ella corrigió la plana a los dos gobiernos anteriores en materia de derechos humanos y memoria histórica. "Se ordena a la @FUERZARMADASV (Fuerza Armada de El Salvador) retirar de inmediato el nombre del coronel Domingo Monterrosa al cuartel de la Tercera Brigada de Infantería, en San Miguel (este)", escribió Bukele en su cuenta de Twitter la noche del 1 de junio. Monterrosa, asesinado en 1984 por la guerrilla, es señalado en el Informe de la Comisión de la Verdad de la ONU de 1993, que recoge las violaciones a derechos humanos durante la guerra civil (1980-1992), de liderar el comando elite que ejecutó a casi 1.000 campesinos en El Mozote (noreste) en 1981.

La ropa sucia se lava en Twitter

La investidura de Bukele materializó la ruptura del bipartidismo que el FMLN, que expulsó a Bukele en 2017, y la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) mantuvieron por tres décadas en el Ejecutivo, pero el desgaste de ambas formaciones, principalmente de la izquierdista, no acabó ahí.

Sánchez Cerén, otrora comandante de la guerrilla del FMLN, acabó sus días como presidente como el peor evaluado de etapa democrática salvadoreña y su imagen se terminó de hundir con los señalamientos de "nepotismo" de Bukele.

Entre la noche del 4 junio y la tarde del día 5, Bukele soltó una ráfaga de publicaciones con las que ordenaba a sus ministros despedir del Gobierno a cuatro hijos y cuatro nietos del expresidente Sánchez Cerén, conocido durante la guerra civil (1980-1992) como comandante 'Leonel'. "Solo en salarios, su grupo familiar se llevó más de seis millones de dólares en su quinquenio. Solo en salarios", subrayó Bukele tras referirse a Sánchez Cerén como "el (José) Mujica de El Salvador" y "el presidente honrado". Les siguieron los despidos de supuestos familiares de varios líderes del FMLN, diputados y exfuncionarios de alto rango. "Un logro de nuestro Gobierno es que encontramos la 'Fábrica de Empleos'. Lástima que la vamos a desmantelar", sentenció el mandatario en referencia a una de las promesas que llevó al FMLN al poder. En la campaña presidencial de 2009, una de las principales promesas del FMLN, con Mauricio Funes como candidato, fue la creación del programa "Fábrica de Empleos", que incluía la implantación de oficinas para capacitar a jóvenes, ayudarles a obtener empleo o darles préstamos para crear empresas, pero estas oficinas no se crearon. El escarnio se desató con el ruido y la furia característica de las redes sociales.