Lo que comenzó como un bautizo normal acabó convirtiéndose en una auténtica locura para Rachael Wynn, una mujer británica a la que se le fueron las cosas de las manos.

Wynn, de 32 años, relata que aterrizó en Ibiza el pasado domingo nada más que con un vestido de seda, el pasaporte y una tarjeta bancaria. Durante la ceremonia, ya en estado de embriaguez, la mujer decidió coger un vuelo para presentarse en la isla, donde unos amigos celebraban el cumpleaños de uno de ellos.

"Es la cosa más estúpida que hecho", reconoce la mujer, que ha reconocido que se ausentó del trabajo debido a la "estupidez" acometida. "Estaba en un bautizo y también era el cumpleaños de mi amigo ese día, así que fui a su casa tras la celebración. Ellos ya estaban en Ibiza y me ofrecieron ir hasta allí, así que lo hice", admite.

"Mi jefe se enfadó bastante conmigo, pero creo que ya se le ha pasado. Se sentirá decepcionado pero, afortunadamente, terminará viéndole el lado divertido", dijo esperanzada Wynn, a quien la locura le costó nada más y nada menos que 800 euros.