En la tarde del 30 de julio de 2006, Sara Morales, salió de su casa en Las Palmas de Gran Canaria y se le perdió la pista. Se dirigía hacia el centro comercial de la Ballena, a un kilómetro y medio, con 14 años. El principal sospechoso, condenado por un delito sexual, se quitó la vida en prisión.

Sara desaparecía en el trayecto que lleva de su casa hacia un centro comercial donde había quedado con un conocido. Sin dinero ni documentación, pero sí con móvil. Un dispositivo que desde que se dio la voz de alarma saltaba su buzón. Desde entonces la policía trabaja en su búsqueda un caso que 13 años después continúa abierto.

Pendiente de resolver también el crimen de Carlos Machín, el empresario herreño acribillado a balazos en la Escuela de Idiomas de La Laguna. Todo apunta a un crimen cometido por sicarios, hipótesis de trabajo porque la Policía Nacional aún no ha conseguido dar con los autores ni con el móvil del crimen.

Desde 2016 tampoco hay noticias de Juana Ramos, la Policía Nacional continúa con los rastreos en la costa norte de Gran Canaria buscando indicios que lleven a los investigadores hasta su paradero.

Se le buscó en la ciudad, en barrancos e incluso en pozos pero ninguno de los indicios seguidos por la Policía Nacional ha llevado hasta el paradero de Sara.