Niñas Tenerife

Pendientes de los resultados de la autopsia de Olivia un mes después de que la encontrara el Ángeles Alvariño

Se cumple un mes desde que el cuerpo sin vida de Olivia, la pequeña de 6 años que desapareció junto a su hermana Anna de un año, el 27 de abril, fuera hallado a mil metros de profundidad por el buque Oceanográfico Ángeles Alvariño.

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Los primeros resultados de la autopsia revelaron que Olivia falleció por un edema pulmonar agudo. Pero aún quedan por determinar si las pequeñas fueron sedadas con algún tipo de fármaco por su padre Tomás Gimeno, antes de ser presuntamente asesinadas. Los resultados de esas pruebas toxicológicas y biológicas podrían tardar aún más tiempo, debido a la complejidad de los análisis, ya que el cuerpo había permanecido en el fondo del mar un mes y medio.

Son pruebas que podrían determinar cómo falleció la pequeña Olivia: si hay tóxicos en su cuerpo, si sufrió algún tipo de violencia física o fue asfixiada. El informe judicial apunta que Gimeno, de 37 años pudo asesinar a sus hijas en su casa de Candelaria, la misma tarde de su desaparición. Después las enrolló en unas toallas, las introdujo en bolsas de basura y en los petates, antes de meterlas en su coche y llevarlas hasta el puerto de La Marina en Santa Cruz de Tenerife. Allí las cámaras de seguridad grabaron el momento en el que Tomás Gimeno descargaba hasta seis bultos, entre los que se encontraban las bolsas que contenían los cuerpos de sus hijas, y los metía en una pequeña embarcación de su propiedad.

Según estas grabaciones, el presunto filicida, hizo varios viajes hasta el muelle. En la primera salida fue cuando pudo arrojar las dos bolsas al mar. Un mes y medio después, el pasado 10 de junio, el buque Angeles Albariño localizaba el cuerpo de Olivia. Unos días antes, había encontrado una botella de buceo perteneciente a Gimeno y una pequeña manta de Anna. El buque Oceanográfico, dotado de un sonar de barrido lateral y un robot no tripulado, se incorporó a la búsqueda de las niñas el 30 de junio. Pocos días después de hacerlo localizó varios objetos en el mar. Después de localizar el cuerpo de Olivia encontró otras dos botellas pequeñas de aire en una zona más alejada de la costa y a más profundidad, a unos 1.500 metros. Allí fue donde los investigadores sospecharon siempre que Tomás Gimeno se arrojó al mar para suicidarse, lastrado por un cinturón de plomo, pero que su cuerpo pudo haber sido arrastrado por las corrientes.

Según pudo comprobar la Guardia Civil en la deriva de la lancha y la pérdida de señal de su móvil, después de arrojan a las pequeñas al mar, durante un corto periodo de tiempo los motores de su embarcación volvieron a funcionar y realizó una navegación de unos tres minutos. En ese lugar fue donde encontraron las dos botellas de aire. El pasado 30 de junio, y después de un mes de intensos rastreos, el Ángeles Alvariño daba por finalizadas las tareas de búsqueda, abandonando la isla de Tenerife y poniendo rumbo a Cádiz.

La tripulación, los investigadores y el encargado del barco daban por imposible un nuevo hallazgo, debido a la dificultad de los fondos marinos donde ya estaban intentando localizar el cuerpo de Gimeno. Un fondo muy escarpado, lleno de grietas y barrancos, donde el cable del robot submarino se había quedado trabado en varias ocasiones. Durante ese mes de búsqueda se cartografió un área de 250 km2 entre aproximadamente 100 y 2.000 metros de profundidad y se filmaron 392 horas en las inmersiones del ROV Liropus 2000, el vehículo submarino no tripulado para la exploración del fondo.

El director del Instituto Español de Oceanografía (IEO), Javier Ruiz, explica que "localizar un objetivo de dimensiones tan pequeñas a unas profundidades oceánicas tan grandes supone un hito mundial, resultado de la colaboración y coordinación estrecha y precisa entre los Ministerios de Interior y de Ciencia e Innovación".

El equipo humano a bordo del Ángeles Alvariño estuvo compuesto por cinco científicos del IEO apoyados por los técnicos del ROV y del sonar de barrido lateral, así como la tripulación del buque que han trabajado durante más de un mes, realizando turnos de 12 horas, lo que ha permitido mantener las labores de búsqueda de forma ininterrumpida. El equipo científico estaba formado por tres geólogas marinas y dos tecnólogos que han sido los encargados del trabajo a bordo bajo la dirección, de un jefe de campaña.

Ellos pensaron al principio que parecía imposible que pudieran localizar nada, pero gracias al trabajo previo de la policía judicial y su precisión al acotarles las zonas de búsqueda se dieron cuenta de que podrían llegar a tener éxito si planificaban el trabajo de manera adecuada.

Beatriz Zimmerman, la madre de las pequeñas Anna y Olivia, siempre ha elogiado el gran trabajo de la tripulación, los científicos y los investigadores, porque sin ellos nunca hubiese salido a la luz la vedad, por muy dura que fuera. Ahora, pendientes de conocer las pruebas definitivas de la autopsia del cuerpo de Olivia, y a que mejoren los datos de contagios por COVID-19 en la isla de Tenerife que no permiten determinados eventos ni reuniones, Beatriz sigue teniendo en mente celebrar el funeral de sus hijas. Una despedida a modo de homenaje en el que pueda participar la sociedad canaria, que tanto la ha acompañado en estos meses de enorme dolor.

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