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De las diecisiete horas de conversación que mantuvieron Alfonso Basterra y Rosario Porto, en pocas ocasiones se refiereron a la pequeña Asunta y a su pérdida.

Sólo al final de la noche Rosario muestra su lado más maternal y parece hundirse ante la realidad del asesinato de la niña. El papel del padre no cambia, insiste que deben mantener la calma y confía en que serían puestos en libertad.

"No puedo vivir sin Asunta"
Para los investigadores estas conversaciones son clave, con ellas el juez intenta descubrir la posible implicación de cada uno en el crimen, y si existe un pacto entre ellos.

Y mientras se intentan esclarecer las circunsatnacias exactas del crimen, la investigación judicial trata también de conocer la situación personal de Rosario Porto.

La fiscalía ha pedido que a Rosario se le practique un examen psiquiátrico para determinar si tiene algún tipo de trastorno. Porto estuvo ingresada en una clínica en 2006 y el psiquiatra que la atendió la describe como una persona con problemas.

A Porto también se le ha practicado ya un analisis toxicológico para confirmar si consumía orfidal, el fármaco con el que fue intoxicada la niña. Además según fuentes policiales la relación de la niña con sus padres adoptivos los últimos meses no era demasiado buena.

De hecho durante las vacacaciones de verano, Asunta estuvo viviendo en casa de su cuidadora a las afueras de Santiago, en ese tiempo apenas tuvo contacto con la madre. La pequeña regreso a su casa, diez días antes de su muerte.

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