Orgullo LGTBI

Laura Nicole, una de las decenas de personas con asilo por su identidad sexual: "Si no huía, me mataban"

Decenas de personas solicitan asilo cada año por motivos de identidad sexual debido a que pertenecen al colectivo LGTBI+. Estas son algunas de sus historias de vida y supervivencia.

En resumen

  • España da asilo a aquellas personas cuya vida corre peligro por su orientación sexual

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En 69 países pertenecer al colectivo LGTBI está castigado severamente, en algunos incluso con la pena de muerte. En Arabia Saudí, en Irán, y hasta en 70 países, amar a alguien del mismo sexo está castigado.

"Tenemos el caso de Brasil, donde los asesinatos a personas transexuales se han disparado en los últimos dos años y los relacionamos directamente con las políticas del actual presidente Jair Bolsonaro. Esto también podemos hablarlo en el este de Europa y en muchos países africanos. Es el auge de los movimientos populistas", explica un experto en la materia.

Asilo en España

Cada vez son más las peticiones de asilo que llegan a España por parte del colectivo LGTBI. Alba de la Red trabaja en una ONG que ayuda a decenas de estas personas, ONG Rescate, y así explica su labor: "Intentando pues trabajar toda la parte jurídica de su solicitud de asilo aquí en España, y por otro, toda la parte de más inclusión sociolaboral".

Dominique es jamaicano y agradece estar en nuestro país: "Aquí sientes una especie de liberación, puedes pasear siendo tú mismo, sin pretender ser alguien que no eres".

En España, además, hay varios pisos de acogida que hay para el colectivo LGTBI. Quienes viven en ellos proceden de distintos países, hablan distintos idiomas, pertenecen a culturas diferentes, pero todos tienen en común el huir del rechazo y la violencia en sus países de origen.

"Muchas veces la gente dice que lo acepta, pero que estén lejitos. Y eso no es aceptación, eso es hipocresía y eso nos afecta en todos los sentidos, como en no poder estudiar, no poder tener un trabajo digno, una familia... A mí que me tocó huir porque. si no, me mataban", recuerda Laura Nicole, refugiada de Colombia, que añade: "Ese miedo que nos trajo aquí, hay que transformarlo en amor y en comprensión para los demás compañeros".