Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, decía mientras introducía al pequeño en el maletero de su vehículo: "Ahora a llevárselo de aquí", según ha manifestado el teniente de la Guardia Civil que instruyó las diligencias del caso en referencia a las grabaciones realizadas en el interior del coche.

El teniente, que ya intervino en la sesión de este miércoles, ha ratificado el contenido de las transcripciones de dichas grabaciones y ha reiterado que la acusada se arengaba diciendo en voz alta: "Ana, no vas a ir a la cárcel".

Junto a un agente que pertenece al grupo de Homicidios de la Policía Judicial de la Comandancia de Almería, que también fue comisionado para poder tomar declaración a diferentes testigos en Burgos, han explicado que los micrófonos no grababan de forma permanente.

Al contrario, uno de los micrófonos se activó cuando se introdujo el cuerpo en el maletero y grabó la primera secuencia de palabras, y posteriormente cuando cerró el portón la acusada, se registró un sonido "compatible" con la limpieza de las zapatillas de la acusada y el resto de frases manifestadas.

Durante la detención, Ana Julia Quezada comenzó a gritar frases como "Ángel (Cruz), te quiero mucho, yo quiero a Gabriel, mi perro está dentro (del coche)", según han manifestado los dos guardias de la Unidad Central Operativa que realizaron un dispositivo de vigilancia, control, reportaje fotográfico y detención de la acusada, que han explicado que lo primero que manifestó Quezada cuando le leyeron sus derechos al ser arrestada fue simplemente: "Muy bien".

Dicho día, han añadido, la acusada de matar al niño Gabriel dejó a Ángel Cruz, padre del menor, en Las Negras, en Níjar (Almería), y después se fue en su vehículo a la finca de éste en Rodalquilar, también en Níjar, en donde estaba enterrado el niño.

Al llegar allí intentó abrir la finca varias veces sin conseguirlo, realizó una llamada y, tras permanecer unos minutos jugando con su perro, accedió a la zona de la alberca en la que había enterrado al niño, estuvo unos instantes agachada y levantó el cuerpo, trasladándolo "acunado en brazos" hasta el coche. Lo introdujo en el maletero y realizó entonces un recorrido "totalmente ilógico, sin aparente sentido" hasta la casa de Ángel Cruz en Vícar, donde fue interceptada antes de que entrase en el garaje de la vivienda.

Los agentes confirmaron que el cuerpo del niño de 8 años estaba en el maletero envuelto en una toalla y que tenía arena, igual que la que Quezada tenía en sus manos y su sudadera.

Ana Julia frotó la camiseta de Gabriel para mancharla

Ana Julia Quezada, autora confesa de la muerte del niño Gabriel Cruz, frotó la camiseta del pequeño que simuló haber encontrado en una batida contra el suelo para "provocar" una mancha de barro, según la Guardia Civil para aparentar que había estado bajo la lluvia, debido al mal clima que hubo en la zona durante las jornadas de búsqueda.

"Cuando llego, la camiseta estaba como extendida, bastante visible desde un punto elevado. Creemos que la camiseta se apelmazó y se frotó con el suelo para provocar esa mancha", ha dicho uno de los agentes que realizó la inspección ocular en el lugar en el que apareció, en el barranco de las Águilas.

Ha dicho que a su llegada se encontró al padre del menor junto a dos personas, pero no con Quezada a pesar de que le habían comunicado que debía estar allí. El progenitor le dijo que habían tocado la camiseta para ver si era de Gabriel pero que la habían dejado en la misma posición y que la levantó para ver si tenía sangre, porque en la cara visible sólo había una mancha de barro.

La acusación ha preguntado si podría haber llevado la acusada la camiseta arrugada y luego haberla pasado por el barro y extenderla para dar la sensación de que había estado arrugada, a lo que otro agente que participó en esta inspección ha respondido: "Creemos que la mancha era compatible con un roce deliberado".

Por otro lado, otro agente ha explicado que cuando fue detenida, el vehículo de Quezada tuvo que ser trasladado a la Comandancia de Almería para realizar una inspección ocular y levantar el cadáver porque la vía pública en la que fue interceptado no ofrecía "garantías de protección, seguridad y privacidad" al haberse llenado la calle de gente.

Otros dos agentes, que realizaron un reportaje fotográfico del camino que salía de la casa de la abuela de Gabriel en Las Hortichuelas Bajas, en Níjar (Almería), de la que salió Gabriel antes de su desaparición, han indicado que éste debía tomar el camino opuesto al que se dirigía a la finca en la que murió para dirigirse a la casa de sus primos a jugar.

También han precisado que la escasa altura del muro de la casa de la abuela permitía que cualquiera pudiera observar lo que pasaba en el camino porque había una "visibilidad perfecta".