La enfermera ha reconocido que lo hizo por "curiosidad" al conocer que la persona que interpuso la denuncia, a la que tenía miedo, volvía al centro de salud donde ella trabajaba. "¡Pido perdón, sé que estaba prohibido, pero me encontraba obsesionada y muy preocupada tras conocer que ella volvía al Centro de Salud de Serrada donde yo trabajaba y en el que doce años antes habíamos tenido un enfrentamiento!", expresó Carmen, la trabajadora acusada de espionaje.

En febrero de 2016, Carmen inspeccionó los historiales clínicos de María Pilar, la compañera víctima del espionaje, para informarse del domicilio y de las edades de sus hijos.

La disculpas de la enfermera no han servido para evitar la sentencia de la Audiencia de Valladolid, quien ha pedido tres años y medio de cárcel para Carmen por delito de descubrimiento y revelación de secretos.

Por su parte, la acusación particular ha aumentado hasta los cuatro años la pena de prisión al entender que se trataba de un delito continuado. Las acusaciones públicas han solicitado para la trabajadora la inhabilitación de la profesión entre seis y ocho años, y el pago de 6.600 euros de multa y 60.000 euros de responsabilidad civil, 50.000 euros para su ex-compañera y 5.000 para cada uno de los vástagos de ésta.