Las intolerancias alimentarias son un verdadero calvario en el día a día de quien las sufre. Tienen que asegurarse de que lo que comen o tocan no tiene restos de otros alimentos.

Por ejemplo, quién se va a imaginar que unas galletas de chocolate pueden contener trazas de pescado o que algunas cremas pueden incluir legumbres. Incluso, una goma de borrar, de las que utilizan los niños en el colegio, puede contener trazas de huevo.

Y la cosa se complica cuando un alérgico come fuera la casa. Tienen que preguntar al camarero si lo que pide puede contener trazas de otros productos. Si, en estos casos, el establecimiento no informa correctamente, se puede enfrentar a multas de entre 5.000 y 600.000 euros.

Aún así, los padres de los niños con alergias tienen que tener cuidado, muchos de ellos llevan la adrenalina encima por lo que pueda pasar.

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