La estafa, que se ha estado produciendo durante 20 años a miles de personas, consistía en dar el cambiazo a los ataúdes para su reventa. Los trabajadores, justo antes de la incineración, trasladaban el cuerpo a un ataúd mucho más barato, para luego volver a vender el que había comprado la familia del fallecido. Además, reutilizaban las coronas y los de flores ya usadas para otros difuntos en miles de velatorios.

El hijo del dueño también está en prisión eludible bajo fianza de 800.000 euros y los otros 13 trabajadores de la funeraria están en libertad con cargos.

Aunque aún queda un largo proceso de investigación para conocer cuánto podrían haber estafado, se recomienda a las posibles personas afectadas que denuncien.