En el madrileño pueblo de Valdelaguna el número de habitantes apenas llega al millar y la mayoría de ellos son jubilados o pensionistas. Por ello, los momentos de ocio de los vecinos distan mucho de los de las grandes ciudades.

Por ejemplo, Luis Miguel, alguacil del Ayuntamiento, está preparando las fiestas antes de jubilarse y admite que existen pocas alternativas ocupacionales para los más mayores. La mayoría de ellos se ha dedicado al campo porque los que trabajaban en otras profesiones acabaron por irse fuera del pueblo.

Por ello, la vida tranquila del jubilado discurre entre el hogar social y el bar del pueblo y el número de pensionistas mayores dobla casi al de personas que cotizan a la seguridad social.

Además, se sienten un poco olvidados debido a la falta de servicios. Como otros muchos pueblos, Valdelaguna se ha quedado para el turismo de fin de semana o como dormitorio.