Naufragio Villa de Pitanxo

Dos de los cadáveres recuperados del Villa de Pitanxo tendrán que hacer cuarentena en Canadá por dar positivo en COVID

Los cadáveres de los tripulantes peruanos del pesquero gallego iban a ser repatriados a su país de origen, pero según confirman sus familiares tendrán que esperar entre 7 y 10 días.

Entierro de Fernando Santomé, uno de los marineros del buque pesquero Villa de Pitanxo

EFE Entierro de Fernando Santomé, uno de los marineros del buque pesquero Villa de Pitanxo

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Las familias peruanas de los fallecidos en el naufragio del Villa de Pitanxo pensaban que desde ayer ya podrían velar a sus familiares. Allí esperaban poder recibir los cuerpos de William Arévalo Pérez, Rogelio Franco Dalmazo, Daniel More y su sobrino Diego More para poder darles sepultura. Lo que no se esperaban este contratiempo de última hora, el positivo en Covid 19 de dos de los cuerpos.

Cuando se confirmó la infección, desde Canadá les avisaron de la situación y les dijeron que el vuelo con los cuerpos se retrasaría entre 7 y 10 días, el tiempo necesario para la cuarentena. Las familias desde Perú pidieron al Gobierno Canadiense si existía la posibilidad de repatriar a los dos cuerpos que no habían dado positivo y les dijeron que no. Que el vuelo procedente de Canadá con destino Perú sería de forma conjunta con los 4 cadáveres.

Ahora las familias de los ciudadanos peruanos esperan tanto en Galicia como en Perú que los trámites se puedan agilizar cuanto antes y en el caso de los que residen en Marín se puedan trasladar hasta allí para despedir a sus familiares.

Los supervivientes ruegan encontrar a sus 12 amigos

Juan Padín, el patrón del pesquero gallego; su sobrino Eduardo Rial, y el marinero ghanés Samuel Kwesi, los tres supervivientes del naufragio en Terranova, ruegan encontrar a sus doce amigos desaparecidos, a la mitad de la dotación de a bordo. "Lo único que pedimos es que se reactive" el rastreo, ha dicho a la prensa Gloria Padín, que es hermana de Juan y madre de Eduardo.

Es lo primero que ha solicitado el pescador africano, que en su país tiene a su mujer Emilia y a sus cinco hijos, y en Marín (Pontevedra), donde reside desde hace una década, a su familia adoptiva; y es lo que reclaman Juan, el capitán de ese arrastrero congelador tragado por el mar, y Edu, como le conocen en su círculo íntimo.

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