CON UN AUMENTO DEL 10% DE AGENTES PARA VELAR POR LA SEGURIDAD DE LOS PARTICIPANTES

Buñol se prepara para su batalla 'a tomatazos' contra la violencia machista

La multicultural batalla de Buñol, con el tomate como única munición arrojadiza, se ha propuesto este año convertirse en escaparate de la lucha contra la violencia machista y homófoba con un plan de "tolerancia cero".

Tomatina de Buñol

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La localidad valenciana de Buñol toma impulso para vivir mañana su particular, divertida y multicultural batalla, la Tomatina, en la que el tomate, única munición arrojadiza para miles de combatientes, se erige en esta edición como bandera contra la violencia machista y homófoba.

Este miércoles, llegarán de todo el mundo, improvisados soldados de esta incruenta batalla esperarán pacientes en el campo de batalla, un escenario acotado en algunas de las estrechas calles del municipio a los camiones que alertan de su llegada con ensordecedores bocinazos.

Con un aumento del 10 % de agentes para velar por la seguridad de los participantes y el discurrir de la batalla, la fiesta se ha propuesto este año convertirse en escaparate de la lucha contra la violencia machista y homófoba con un plan de "tolerancia cero".

El alcalde de Buñol, Rafael Pérez, ha explicado que la localidad pone "su granito de arena" en esta lucha en la que ahondaron hace dos años con campañas de sensibilización gracias al dinero sobrante de la Tomatina pero que en esta edición dan "un paso más".

Han incluido un protocolo de actuación para la semana de fiestas en la que la Policía Local y los voluntarios pondrán "especial celo" ante cualquier indicio de este tipo de conductas que, según Pérez, nunca se han dado en la Tomatina.

La campaña se ha desarrollado quince días en redes sociales y con el reparto de octavillas y carteles y un sello de "stop violencia de género" en las camisetas, e incluye la financiación de una casa tutelada para 25 mujeres en la India.

Una carcasa a las 11.00 horas dará paso a un griterío desenfrenado junto a lanzamientos por doquier, en los que no hay amigos ni familiares y cualquier persona es objetivo de un tomate que, según las reglas de la fiesta, debe ser chafado antes de lanzarlo para que el golpe sea menos contundente.

Poco podían imaginar los jóvenes que se liaron a tomatazos el último miércoles de agosto de 1945 en un desfile de gigantes y cabezudos que su gamberrada se iba a convertir en Fiesta de Interés Turístico Internacional y ser reclamo para turistas llegados de Reino Unido, Francia, Australia, Japón o Rusia.

Ese año, la batalla se debió al azar tras una trifulca de los jóvenes con algunos participantes del desfile que se arrojaron tomates de un puesto de verdura que había allí por casualidad. Al año siguiente, los jóvenes repitieron la gesta con tomates llevados de sus casas y, aunque la policía frenó los enfrentamientos y se prohibió varias veces, tras una protesta en 1957 en la que un desfile fúnebre celebraba el entierro del tomate, la batalla lúdica fue permitida y se instauró oficialmente.

Año a año la Tomatina creció en participantes hasta llegar a los 45.000 en 2012, lo que llevó a convertirla en una fiesta de pago al año siguiente para reducir el aforo y dejarla en los actuales 22.000. La cifra de tomates ha crecido hasta los 160.000 kilos, casi 10.000 más que en 2015, un año más llegados de la cooperativa Citrimed de La Llosa en Castellón, que ha empezado hoy a cargarlos en siete camiones.

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