El bucle de la soledad

El bucle de la soledad: los motivos por los que nos sentimos cada vez más atrapados

Hoy os quiero hablar de la soledad, pero no de la soledad elegida, sino la de las personas que sufren como percepción y emoción la soledad de una manera desagradable, es decir, cuando al individuo le sobreviene un estado emocional negativo producto de unas relaciones interpersonales e íntimas insatisfechas.

En resumen
  • Hay personas a las que la soledad se le han impuesto y otras que lo perciben así aun estando rodeadas de gente
El bucle de la soledad: los motivos por los que nos sentimos cada vez más atrapados

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La soledad perceptiva, la soledad emocional, es un mal endémico de nuestra sociedad postmoderna, es un fenómeno multidimensional en el que influyen variables cognitivas, emocionales, conductuales y sociales. Hay que entender la soledad, no como un proceso individual de quienes la padecen, sino como un proceso dinámico y complejo que va más allá del individuo, convirtiéndose en un proceso social.

Ignorada hasta no hace mucho, se la considera hoy en día una enfermedad porque daña la salud física y psicológica con riesgo de muerte comparable a la obesidad, al abuso de sustancias o a la contaminación. Y da igual la edad, sexo o de la raza que seas ya que la soledad no discrimina.

¿Cómo se puede dar la soledad en la presente sociedad globalizada e hiperconectada?

La clave está en la individualidad humana, la falta de identidad personal, el no equilibrio entre identidad individual e identidad social constituye, en mi opinión, la principal causa del surgimiento en distintos momentos de la vida del ser humano del sentimiento de soledad.

Si analizamos la soledad desde un punto de vista sociológico deberíamos centrarnos en analizar cómo nuestra sociedad percibe a las personas que se sienten solas y las características que se las atribuye, es decir, cómo se los categoriza. Por ejemplo, si el grupo percibe que la soledad del individuo es por rasgos propios o características de este (por ejemplo, ser introvertido o poco atractivo) se comportará de forma diferente que si le atribuye la soledad por algo circunstancial como haber venido de otra ciudad o cambiar de trabajo.

Por otra parte, numerosas investigaciones sociales (Jones W. 1981, Hobbs&Hockenbury, Jones W., Hobbs S., Hockenbury D. 1982, Stokes 1985) han concluido que las personas que se sienten solas no se diferencian de las que no se sienten solas en cuanto a la frecuencia de sus interacciones, sino, más bien, en el grado de intimidad de esas interacciones y en el sentimiento de pertenencia. Así, lo verdaderamente importante es la calidad (que no cantidad) y profundidad de las relaciones lo que produce menor sentimiento de soledad.

Y ¿cómo influye la cultura e ideología global de nuestra sociedad occidental al sentimiento de soledad? Según las últimas investigaciones sociales sobre este tema, en el proceso de percepción de la soledad importa y mucho la ideología, creencias y cultura a la que pertenece el individuo.

1.- En nuestra sociedad se ha priorizado desde el siglo XX el tener frente al ser. Hay que tener esa imagen que la sociedad impone como exitosa, así nos acepta el grupo. ¿Pero nuestra individualidad?, ¿llevamos a la práctica lo que nos indica la sociedad porque nos hace felices? ¿O pensamos que al hacerlo vamos a lograr la felicidad? Por ejemplo, si digo "quiero tener una pareja que me haga feliz", ¿por qué nuestras parejas tienen la obligación de hacernos felices?, ¿Por qué no aprendemos a ser felices con nosotros mismos y luego comparto esa felicidad con mi pareja?

Como dice Spangenberg "en los países ricos el consumo consiste en personas que gastan dinero que no tienen para comprar bienes que no quieren para impresionar a personas que no aman".

2.- Tenemos un excesivo apego a lo material, incluidas las personas. A través de Whatsapp, Facebook, Instagram… reclamar la atención de los demás en nosotros es casi una obsesión. Como dice el sociólogo Bauman, "Facebook está basado en el miedo a estar solo". En esta red social nadie se siente excluido, pero, aunque hay comunicación, falta el diálogo. En las parejas a veces la facilidad que dan estas herramientas para poder controlar al otro hace que haya roces e incluso rupturas (whatsapp que se leen y no se contestan, sensaciones de control excesivo, etc). Estamos perdiendo e incluso algunos ya no saben el valor de la intimidad con uno mismo. El saber disfrutar del silencio que no es más que el diálogo con el propio yo. El saber estar en soledad.

3.- El grupo ha devorado al individuo. Buscamos nuestra identidad en los otros. Hacemos lo que está de moda, consumimos lo que sale al mercado. Y si somos contestatarios también nos encasillamos en un grupo "el de los contestatarios". No somos críticos, no cuestionamos, no creamos nuestra propia identidad diferencial, nuestra individualidad. Esto puede llevar en muchos casos a sacrificar nuestras necesidades y deseos individuales en función de un rol social, lo que inexorablemente lleva tarde o temprano al sentimiento de soledad.

4.- La soledad es considerada por las personas que la sufren un estigma. No está bien visto decir a los otros que estoy y me siento solo. La soledad como emoción negativa puede entenderse mejor por la existencia de estereotipos culturales que describen a las personas solitarias como perdedores sociales, convirtiendo esta situación en un estigma social. Cuando alguien a nuestro alrededor vive solo, creemos que algo malo le sucede, pensamos que no tiene lo que quiere o necesita. Otro ejemplo es pensar que las personas que viven sin pareja se sienten solos y son desgraciados, otra de las causas (social y no personal) por las que se acude a cualquier peligrosa aplicación de citas, causa que lleva a retroalimentar ese bucle de soledad, cuando se busca pareja sin éxito porque lo vemos como algo que la sociedad nos demanda, no un deseo y necesidad del yo. Como muy bien se refleja en "estar solo es ser diferente y ser diferente es estar solo, y estar dentro de este círculo fatal es estar solo. Estar solo es haber fracasado" (Gordon, 1976).

Por todo esto las personas que se sienten solas tienden a ocultar sus sentimientos al resto del grupo, de la sociedad.

Para combatir la soledad, por una parte, hay que ser capaz de sumergirse en uno mismo. Hay que entenderla. No percibirla como un castigo, sino como un lugar donde encontrarnos y conocernos. Y, por otra parte, hay que aprender a convivir con el otro, entendiendo convivir como una apertura afectuosa expresando sin miedo nuestros sentimientos y emociones porque estamos con las personas que nos aportan y enriquecen. Si establecemos lazos adecuados con nuestro entorno, nos sentiremos valorados y queridos en nuestra singularidad, en suma, seremos felices.

Alicia López Losantos es psicóloga y socióloga.

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