La inflamación de los dedos del niño le impidieron deshacerse de la cerradura por sí mismo y todo el turno tuvo que intervenir para ayudarlo. Los bomberos aseguran que se trató de "un trabajo casi quirúrgico" por el que se tuvo que movilizar a todo el turno e incluso compañeros de descanso, para para evitar que el niño sufriera. Entre todos se repartieron el trabajo para proteger los dedos, iluminar la zona y enfriar y cortar el metal. Además, dos compañeros que se encontraban fuera de servicio les facilitaron una herramienta especial y accesorios de reemplazo para poder realizar la intervención con éxito.

Los bomberos destacan la endereza del menor, Rubén, que demostró en todo momento se mostró tranquilo y les facilitó el trabajo. El joven ya tiene sus dedos recuperados, según relata su familia.