El autor del Crimen de Morata es un ciudadano de origen pakistaní de 42 años que vivió alquilado en la casa de los tres hermanos a los que asesinó y que, el año pasado, agredió a una de las hermanas con un martillo en la cabeza por, al parecer, no devolverle los 60.000 euros que anteriormente le había prestado.

Ahora, ha sido detenido en Arganda del Rey y ha confesado que los mató a golpes. Ha reconocido que los asesinó por venganza, porque no le devolvían el dinero que él les había prestado. El hombre explicó a la Policía que había intentado durante meses recuperar ese dinero, pero que fue imposible. Aseguró que lo necesitaba porque se encontraba en la más absoluta indigencia y que por eso tuvo que hacerlo.

Él mismo se entregó a las autoridades. En el registro de la vivienda donde vivía con otros cuatro compatriotas en la localidad madrileña, la Policía buscado el arma del crimen, pero aún se desconoce con seguridad cuál fue. La principal hipótesis es que fue un martillo. La autopsia indica que los tres fallecieron a golpes, aunque también presentaban heridas de arma blanca, concretamente, de posibles puñaladas. También se ha podido saber ahora que el autor del delito habría intentado quemarlos para no dejar pruebas.

Ahora mismo sigue en las dependencias de la Guardia Civil y es muy posible que a lo largo de este martes se presente en una reconstrucción de los hechos en la vivienda de los tres hermanos, en Morata de Tajuña, donde ocurrieron los hechos.

Estafa del amor

Las dos hermanas habrían pedido el dinero al hombre pakistaní porque habrían sido víctimas de una estafa amorosa. Desde el entorno de los fallecidos se ha relatado a los agentes que, desde hace al menos un lustro, las hermanas mantenían contacto con dos supuestos militares con los que entablaron una relación a distancia. Al cabo de un tiempo, uno de los presuntos militares les dijo que el otro había muerto y que necesitaba una gran cantidad de dinero para poder cobrar una herencia. Fue entonces cuando una de las fallecidas empezó a mandar dinero a la cuenta de su 'novio' estadounidense Edward, quien no paraba de pedirle cada vez más cantidades con diferentes excusas.

Muchos amigos y familiares les advirtieron de que habían caído en una de las llamadas estafas del amor, pero ellas insistían en que el romance era verdadero, a la vez que se endeudaban para satisfacer las demandas del supuesto amante. Llegaron a pedir dinero a desconocidos.

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