Sexo y género

Actuar como hombre o mujer: ¿Cuestión de sexos?

¿Somos realmente los hombres y las mujeres tan distintos en nuestros pensamientos, emociones, sentimientos y actitudes?

Actuar como hombre o mujer: ¿Cuestión de sexos?

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Si observamos a nivel social, cada uno en su propia cultura donde nos desarrollamos y disfrutamos de la cotidianeidad, vemos, escuchamos y experimentamos diferencias notables en función de nuestro sexo. Pero, ¿realmente se debe a que somos biológicamente distintos o eso nos han hecho creer?

Muchos 'best seller' enfatizan esta diferencia, como que "los hombres son de Marte y las mujeres de Venus" o "por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas". Realmente, al leerlos nos sentimos identificados con los protagonistas, pero la realidad a nivel científico es que, a pesar de las diferencias eminentemente biológicas y de la estructura de cerebro que a nivel sexual tenemos, no hay un cerebro tipo puramente masculino y uno puramente femenino que lleve a demostrar que el sexo masculino y femenino sienten y funcionan distinto emocionalmente 'per se'.

Y, si hablamos de hormonas masculinas o femeninas, todos los seres humanos tenemos las mismas, aunque en proporciones diferentes, según se trate de un macho o de una hembra. Por tanto, las hormonas masculinizantes tampoco son exclusivas de los machos y, una vez más, las lindes entre lo masculino y lo femenino se confunden. El macho produce testosterona en los testículos, pero también en los mismos testículos se producen unas hormonas típicamente femeninas, los estrógenos, aunque en mucha menor cantidad que en el ovario femenino. Por otra parte, aunque los estrógenos representan la mayor producción hormonal del ovario femenino, éste y las glándulas suprarrenales también segregan testosterona.

A pesar de ello, el estudio de las diferencias entre el cerebro masculino y femenino es muy importante para la investigación científica. Hay enfermedades mentales que parece afectan más a hombres o a mujeres. Por ejemplo, la prevalencia del alzhéimer, la depresión y la ansiedad es mayor en las mujeres, y se ha calculado que el autismo es, al menos, dos veces más común en los varones. Por cada caso de esquizofrenia en una mujer, 1,4 hombres se enfrentan a la enfermedad. Por ello si se consigue llegar al prototipo de cerebro según el sexo se podrá estudiar la prevención de tales enfermedades.

Pero entonces… ¿por qué percibimos que somos tan diferentes? Veamos tres ejemplos que parecen ratificar nuestra creencia.

Los hombres son mejores en resolver cuestiones matemáticas y visoespaciales. Sin embargo, las mujeres son superiores en aptitudes verbales y en lenguaje.

El sexo femenino tiene por lo general una mayor proporción de sustancia blanca y un cuerpo calloso de mayor tamaño, lo cual está vinculado a una transmisión de la información más rápida entre los distintos hemisferios y estructuras. Además, el sistema límbico, la parte del encéfalo que genera las emociones, tiende a ser algo mayor.

El cerebro del sexo masculino cuenta con una mayor proporción de materia gris, encargada del procesamiento de la información una vez ha sido enviada desde otra parte del sistema nervioso y también suele haber un hipotálamo más grande.

Sin embargo, muchos estudios adolecen de limitaciones teóricas y metodológicas que permiten poner en duda la pertinencia de las conclusiones, hasta el punto de que algunos autores han cuestionado incluso la existencia de diferencias.

El hombre es más infiel que la mujer

Hay encuestas en España que demuestran lo contrario, que hay una tendencia mayor en las mujeres a la infidelidad (52% frente a 48% en hombres) e, incluso, si hablamos de tener fantasías sexuales con compañeros de trabajo, ahí el tema se dispara al 82% de mujeres que admiten haberlas tenido. También es verdad que parece que las mujeres se suelen involucrar más a nivel emocional en sus aventuras frente a los hombres, que lo ven más como un desahogo puramente físico (ahí sí se ven diferencias).

El hombre es más violento que la mujer

Aunque es verdad que los delitos son cometidos más por hombres que por mujeres, según recientes estudios la tendencia de que las mujeres delincan está aumentando en nuestra sociedad exponencialmente y, además, en edades cada vez más tempranas.

¿No será que la socialización que se lleva a cabo con ambos sexos ha promovido que ya la base biológica que trae el varón con la testosterona por ejemplo hace al hombre más vulnerable ante el desarrollo de la violencia?

La ilusión de las diferencias entre sexos puede venir de que los seres humanos han vivido desde hace miles de años en sociedades hechas por hombres y a la medida de los hombres. Los libros sagrados de las culturas históricas tienen protagonistas masculinos, el conocimiento de la historia de las sociedades en general recalca el papel humilde y sumiso de la mujer, las escasas mujeres que han gobernado en tiempos pasados han sido estigmatizadas por poco femeninas. En la historia se ha visto la influencia de la mujer casi siempre a través de caminos indirectos: por la seducción sexual del hombre, o por ser la madre de…, y en otros casos el poder femenino se asoció a la astucia asesina.

La realidad hoy en día es que donde se intenta educar en igualdad a niños y niñas se está detectando que hay menores diferencias en la tasa de delincuencia por sexos. Además, como hemos comentado, en los países occidentales la tasa de criminalidad femenina ha aumentado.

Mi reflexión, por tanto, queridos lectores, es que el actuar como "hombre" o "mujer" puede que no sea una cuestión de sexo, sino una continua interacción entre biología y sociedad, entre sexo y cultura. En cuanto se reconoce la masculinidad o feminidad del bebé, la sociedad comienza a tratarle de forma diferencial con el apoyo de juguetes, libros, modelos de funciones y otras actitudes culturales.

Con esto no quiero decir que los hombres y mujeres no tengamos diferencias, por supuesto que sí, pero comparadas como grupos humanos son mucho más llamativas que si analizamos los rasgos de personalidad de cada componente de esos grupos, porque entonces nos damos cuenta de que no somos tan distintos.

Alicia López Losantos, es psicóloga y socióloga.

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