Ictus

La terapia intensiva de neurorrehabilitación: una segunda oportunidad para los que han sufrido un ictus

Andar, volver a conducir o trabajar. Cientos de pacientes que han sufrido un ictus sueñan con recuperar su vida anterior. La terapia intensiva de neurorrehabilitación les abre una puerta para que logren sus objetivos.

Elisa, paciente que sufrió un ictus

CEN Elisa, paciente que sufrió un ictus

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Elisa (46 años, Alcalá de Henares) estaba trabajando cuando el mundo se le vino encima. Comenzó a marearse y sintió un fuerte dolor de cabeza. Lo último que recuerda antes ser ingresada fue como la subían a la ambulancia. Sufrió un ictus hemorrágico en el lado derecho de la cabeza que la tuvo diez días ingresada. Su caso se repite diariamente. El ictus es la primera causa de muerte entre las mujeres en España y de discapacidad en el mundo.

Tras pasar por varios hospitales, comenzó con la rehabilitación en un centro de la Comunidad de Madrid. Allí se dio cuenta de que ese no era su lugar: "El tiempo de rehabilitación era muy poco, tan solo una hora por la mañana. Mi intuición me decía que ese no era el camino. Me decían que yo era joven y tenía un buen pronóstico, pero que caminar no era una cosa sencilla y que tardaría bastante tiempo". Tras pasar largas horas sentada en una silla de ruedas, conoció CEN (Centro Europeo de Neurociencias). Allí comenzó con la terapia intensiva de neurorrehabilitación.

José López, director Técnico y confudador de CEN, comenzó en esta aventura tras pasar unos años en Suiza. Allí pudo comprobar que existían otras formas de trabajar que en España no se estaban planteando. "Allí las sesiones eran mucho más largas. Mientras en España duran 45 minutos, allí eran hasta de seis horas", asevera.

Elisa llegó sin poder andar y a la semana logró desprenderse de su silla de ruedas. Tras varias semanas de tratamiento logró recuperar parte de su independencia. "Cuando comencé con la terapia estaba asustada. Eran muchas horas al día y pensaba que no lo lograría, pero ves la luz al final del túnel", explica emocionada.

Alicia sufrió un ictus con 82 años. En el hospital le dijeron que no volvería a caminar. Los médicos lograron salvarle la vida, pero se quedó con la mitad del cuerpo paralizada, lo que le impedía mantenerse sentada en una silla. "Nos aconsejaron adaptar nuestra casa porque no volvería a andar", apunta su nieta Sonia. Debido a su avanzada edad, los médicos dieron su caso por perdido.

Sus familiares decidieron trasladarse desde Galicia a Madrid. Allí comenzó un tratamiento con sesiones diarias de cuatro horas. En ocho semanas consiguió andar. Un año después del ictus, el Hospital de Lugo le ha ofrecido rehabilitación. "Si hubiera estado un año postrada en la cama y hubiera comenzado ahora con la rehabilitación, sí que sería un caso perdido", lamenta su nieta.

El trabajo no acaba en la clínica. Gran parte del éxito reside en el trabajo que hacen los pacientes fuera. Para ello es fundamental que entiendan qué les ocurre. El doctor López explica que muchos pacientes creen que "cuando no pueden mover el brazo es culpa del brazo, pero es culpa del cerebro". "La información es poder. Si tú le das información al paciente haces que se empodere. Le das la capacidad de saber qué tiene que hacer y cómo hacerlo", apunta.

El otro pilar sobre el que se apoya la recuperación de los pacientes reside en la salud mental. Aceptar que de un día para el otro su vida ha cambiado por completo no es tarea sencilla. "La aceptación es fundamental. Hay que aceptar que es lo que te ha tocado vivir y no puedes cambiarlo. Puedes de afrontarlo como tú quieras, como una víctima o como un guerrero, yo acepte que soy guerrero", dice Elisa.

Desde CEN apuestan por la ayuda de psicólogos que acompañan a los pacientes durante todo el proceso. "Cuando estaba más decaída le ponían la música que le gustaba y se ponían a bailar para animarla", apunta Sonia.

El tercer vértice para asegurar la mejoría de los pacientes es la experiencia médica del equipo de CEN que, unida a la robótica y la tecnología, consigue que todos los pacientes que entren en el centro logren una mejoría: "No tenemos un solo caso de una persona que no haya mejorado, todos evolucionan". Un año más tarde, Alicia mantiene las mejoras que consiguió durante el tratamiento y Elisa tiene como objetivo volver a trabajar.

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