Protectores gástricos
El riesgo silencioso de algunos de los protectores gástricos más usados del mundo: "Cuando te das cuenta estás casi para diálisis"
Un estudio acaba de relacionar el uso prolongado de protectores gástricos con enfermedad renal y cardíaca.

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Aperitivo por aquí, comida con amigos por allá, cena con la familia y que los polvorones no falten en esta época. La Navidad es tiempo de exceso y de eso dan buena cuenta los estómagos cuyas molestias suelen agudizarse. Los chivatos de esta situación, que no es aislada de las fiestas navideñas, son los protectores gástricos, que sin duda entran en el 'top ten' de los medicamentos más usados a nivel mundial.
Pero, cuidado con el exceso de estos remedios, que no por comunes dejan de tener sus propios riesgos. Investigadores del Instituto ITACA-UPV (Universitat Politècnica e València) y del Karolinska Institutet (Suecia) acaban de publicar un estudio en el que se confirma la relación entre el uso continuado de los inhibidores de la bomba de protones (IBP) y un mayor riesgo de enfermedad renal y mortalidad.
Desde la Newsletter de Antena 3 hemos hablado con uno de los investigadores, Carlos Fernández Llatas. "Hay varios tipos de antiácidos", comienza explicándonos Fernández Llatas, para a continuación añadir: "Están los antiácidos normales, por ejemplo, el bicarbonato, que lo que hace es bajar la acidez del estómago para que no te afecte. Luego hay ya medicamentos como los receptores H2 (histamina 2), que lo que hacen es hacer que ese receptor no reciba una parte y no se produzca la acidez, y luego están los inhibidores de la bomba de protones, que, esto es lo que hemos llegado a estudiar, y están relacionados con problemas de riñón, que a su vez podrían dar problemas cardíacos. Estos medicamentos son de los más utilizados del mundo y pueden, además, utilizarse durante mucho tiempo. El problema es que si lo usas durante mucho tiempo, puede afectar".
Riesgo silencioso
El trabajo, publicado en la revista 'Scientific Reports' sugiere que el uso de IBP podría aumentar el riesgo cardiovascular de forma indirecta a través del deterioro renal, una hipótesis que deberá validarse en futuros estudios. Importante es el matiz en el que insiste el experto: "El medicamento es seguro en las dosis en las que manda el prospecto. También hay enfermedades para las que está prescrito y es mejor tomarlo que no tomarlo". El problema llega cuando se hace una ingesta descontrolada. Y, ¿a partir de qué tiempo empieza a ser inseguro? "Eso es una cosa que todavía hay que estudiar. Supongo que depende de muchos factores; por ejemplo, si tú ya tienes el riñón un poco tocado, te puede afectar mucho más rápido que a la gente que no. Es cierto que es seguro meses; en meses no es un problema. El problema es más de un año, dos años, tres años... este tipo de cosas; dependiendo de tu función renal, puede empeorar y esto hace que llegues a tener un problema de corazón", explica.
Los problemas cardíacos son consecuencias directas de los fallos en el riñón. "Cuando falla el riñón, lo siguiente que falla es el corazón", indica Llatas. Y aquí es importante dejar claro un grave matiz, y es que esos fallos renales no avisan, son silenciosos y hoy estás bien y de pronto mañana te encuentras a las puertas de una diálisis: "No se nota. Uno no puede tener síntomas porque el riñón deja de funcionar y tú no te das cuenta; ese es uno de los principales problemas. Tienen que hacerte una serie de análisis específicos para ver cómo está la función renal. Ahora mismo hay un interés muy grande en analizar la función renal, porque cuando te das cuenta, estás ya casi para diálisis. Digamos que hay que tener muchísimo cuidado de que la función renal esté bien porque llega un momento en que no puedes revertirla. Entonces, de vez en cuando, análisis de este tipo de valores estaría bien".
Metodología del estudio
Para desarrollar el estudio, los investigadores analizaron los datos clínicos de 294.734 pacientes incluidos en el proyecto SCREAM y compararon la evolución clínica de los usuarios de IBP con la de pacientes tratados con antagonistas de los receptores H2 (ARH2). El trabajo subraya que los IBP son seguros cuando se utilizan correctamente, pero su empleo crónico sin una indicación médica justificada debe evitarse.
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