Una investigación realizada por un equipo de científicos de la Universidad de Ohio han conseguido detectar biomarcadores de la fibromialgia que permiten distinguirla de otras enfermedades relacionadas y que podrían, incluso, determinar la gravedad de la enfermedad en un paciente. Además, los investigadores han desarrollado un test de sangre - aún en fase experimental - capaz de detectar la enfermedad con precisión.

La fibromialgia es una enfermedad crónica caracterizada por un dolor músculo-esquelético generalizado, con aumento de la debilidad física y sensibilidad dolorosa a la presión de los puntos sensibles. Normalmente, este dolor se presenta en zonas musculares donde el afectado presenta gran sensibilidad a cualquier contacto físico o cambio de temperatura.

Todavía no se ha encontrado un tratamiento curativo para esta patología. Diagnosticar a tiempo y con precisión esta enfermedad supondría mejorar la calidad de vida de los afectados, muchos de los cuales aún no han sido diagnosticados, o tardan un promedio de cinco de años en conocer el diagnóstico.

En el estudio participaron 50 pacientes con fibromialgia, 29 con artitris reumatoide, 19 con osteoartritis y 23 con lupus.

En primer lugar se examinaron las muestras procedentes de los pacientes de los que se conocía el estado de la enfermedad con el objetivo de establecer un patrón de referencia para cada diagnóstico, y después evaluaron las demás muestras sin saber el diagnóstico de los pacientes de los que procedían, agrupando con precisión a cada uno de los participantes en la categoría de enfermedad adecuada en base a una firma molecular.

Los patrones metabólicos encontrados en la sangre de docenas de pacientes con fibromialgia, ha explicado Kevin Hackshaw, el investigador principal, aumentan las posibilidades de detectar la enfermedad a través de un análisis de sangre. El estudio, que se ha publicado en el Journal of Biological Chemistry, se ha realizado con una pequeña muestra de pacientes, por lo que el siguiente objetivo de sus autores es llevar a cabo un ensayo clínico mayor para comprobar si sus hallazgos se confirman en una población más grande y diversa, y si es así desarrollar la prueba para su empleo generalizado en un plazo de unos cinco años.