Los expertos en salud han alertado de una enfermedad neurológica que convierte a los ciervos en 'zombis' se podría propagar a los humanos. La enfermedad, llamada caquexia crónica, afecta a los ciervos, alces, y renos, y hace que los animales pierdan peso de manera espectacular y caminen con patrones repetitivos. Otros síntomas incluyen la pérdida del miedo a los humanos, tropiezos y apatía.

Muchos estados miembros de EEUU, incluido Nueva York, han informado de contagios de esta enfermedad en venados y alces, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. La caquexia crónica aún no se ha detectado en seres humanos, pero los expertos de la Universidad de Minnesota advierten de que la enfermedad debería tratarse como un problema de salud pública.

"Es probable que los casos humanos de caquexia crónica asociados con el consumo de carne contaminada se den en los próximos años", informó Michael Osterholm, director del Centro de Enfermedades Infecciosas y Prevención de la Investigación de la Universidad de Minnesota, en una intervención recogida por el New York Post. "Es posible que la cantidad de humanos infectados sea sustancial y no sean casos aislados", apunta.

Osterholm es uno de los expertos que han investigado la enfermedad de las vacas locas y su transmisión a los humanos, que se descubrió por primera vez en 1996 como la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. Ha comparado la caquexia crónica con el fenómeno de la enfermedad de las vacas locas, y observó que, durante algún tiempo, los expertos no creían que pudiera extenderse a las personas.

Los científicos creen que la esta enfermedad se transmite a través de proteínas, llamadas priones, en fluidos corporales, como heces, saliva, sangre u orina. Los priones de la caquexia crónica pueden permanecer en el medio ambiente durante mucho tiempo, lo que significa que otros animales están en riesgo incluso después de que un alce o venado infectado haya muerto.

No existe una vacuna o tratamiento para este enfermedad, que es fatal para los animales. Los síntomas pueden tardar hasta un año en desarrollarse.

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