Según la filosofía japonesa todos los puntos del cuerpo están conectados entre sí y cada dedo de las manos está vinculado con un órgano y una emoción concreta. Por ello, presionando el dedo es posible trabajar el sentimiento que queramos.

Para ello hay que saber qué dedo corresponde con cada emoción:

-El pulgar: Este dedo está relacionado con el estómago y el bazo. Y hace alusión a la preocupación y al estrés mental y física. Se encuentra ligado a problemas de la piel, del estómago y a dolores de cabeza.

-El índice: Representa al miedo. Está relacionado con los oídos, riñones y vejiga. Nos ayuda a mantenernos firmes y de pié.

-El dedo corazón: Engloba ira, agresividad y cansancio. Está vinculado con la vesícula y el hígado, así como con los dolores menstruales, problemas sanguíneos y migrañas.

-El anular: Está conectado con el intestino grueso y el pulmón. Hace alusión a la tristeza. Se trata de un dedo vital para tomar decisiones.

-El mequiñe: Se relaciona con pretender ser algo que no se es, también con la ansiedad, la apatía y la falta de energía. Se conecta con la lucha y el esfuerzo. Está ligado con el intestino delgado y el corazón.

-La palma de la mano: Engloba todo lo anterior. Tiene que ver con el diafragma y la respiración.

Método

-Con cinco o diez minutos puede ser suficiente, pero depende de como se encuentre la persona. Hay que dedicarle cinco minutos a cada dedo como mínimo.

-Es importante que se vayan alternando las manos. Una cada vez. Una de día y otra de noche. Por ejemplo la izquierda de día y la mano derecha de noche.

-Para empezar, junta las manos y ejerce fuerza presionando los dedos.

-Después, presiona el dedo que quieras calmar su dolor.

-Hay que mantener la presión durante al menos 30 segundos. Descansar otro medio minuto y volver a presionar.

-Hay que controlar la respiración inhalando profundamente y exhalando lentamente, poco a poco tu mente se calmará dando lugar a un bienestar profundo.

Según Chaoki el Ahel, pionero del Jin Shin Jyutsu en España, "lo extraordinario de esta práctica oriental es que la persona tiene en sus manos todos los elementos necesarios para equilibrar su propio ser a todos los niveles:físico, mental e incluso espiritual; algo que le permite conocerse en profundidad, hacer frente a las emociones y problemas cotidianos y elegir la armonía como su estado natural de vida".