"No podría pedir un presidente mejor que Trump", afirma Tracey, una joven de Florida. El vídeo en el que aparece es un montaje, ya que la presunta Tracey no es una agradecida ciudadana americana, sino una modelo cuya imagen paseando por la playa está disponible en una conocida página de internet.

El equipo de Trump la eligió con este criterio: mujer guapa en la playa. A cambio de unos 160 euros, descargaron el vídeo y añadieron el mensaje que deseaban.

Utilizaron la misma operación para encontrar a Thomas, un presunto hipster de Washington que pide a Dios que bendiga a Trump. También ha sido así con A.J., de Texas, un caso en el que lo que buscaban era un individuo maduro e hispano.

Los vídeos van acompañados de una leyenda en letra pequeñísima que advierte que el testimonio es real pero la imagen es de un actor o actriz. No hubo advertencia alguna en 2016: el primer vídeo electoral de Trump ilustraba la frontera con México con un multitudinario salto de la valla de Melilla.