Pulso ártico

Trump amenaza con quedarse Groenlandia "por las buenas o por las malas"

Donald Trump vuelve a poner a Groenlandia en el centro del tablero mundial. Amenaza con hacerse con la isla "por las buenas o por las malas", pese a que ya es clave para EE. UU. por su alianza con Dinamarca y la OTAN.

Donald Trump

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Donald Trump no negocia. Groenlandia, la isla más grande del mundo, se ha convertido de nuevo en una de sus grandes obsesiones políticas. "Vamos a hacer algo con Groenlandia, ya sea por las buenas o por las malas", ha dicho. Un mensaje directo, sin matices, que apunta a una estrategia de presión constante para hacerse con un territorio que considera clave para Estados Unidos.

La isla más grande del mundo

Hablamos de una extensión gigantesca, comparable a la suma de España, Francia, Alemania, Italia y Polonia juntas, pero habitada por menos de 60.000 personas. Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca y se sitúa a medio camino entre Europa y Estados Unidos. De hecho, está incluso más cerca de Washington que de Copenhague. Su posición geográfica, su valor estratégico en el Ártico y la presencia de tierras raras explican parte del interés, aunque no todo.

Porque, en realidad, Estados Unidos ya tiene acceso a buena parte de lo que ofrece Groenlandia. Es territorio OTAN, alberga bases militares estadounidenses y forma parte del entramado de alianzas que Washington mantiene con Dinamarca. Entonces, ¿qué hay realmente detrás del empeño de Trump?

Para responder a esa pregunta, acudimos al Real Instituto Elcano, uno de los diez centros de pensamiento más influyentes del mundo y el más relevante en español. Allí nos recibe Ignacio Molina, el investigador que más tiempo lleva analizando el interés de Estados Unidos en Groenlandia.

¿Qué busca Trump con la anexión de Groenlandia?

Según Molina, hay un componente clave que va más allá de la geoestrategia: el ego político. "Es una obsesión de Donald Trump por pasar a los libros de historia. Esa idea de compra, de adquisición territorial, de ampliar Estados Unidos 80 años después de la última vez que lo hizo", explica. Estados Unidos tiene un largo interés de compra de territorio, como La Florida a España, La Luisiana a Francia o Alaska a Rusia. Para Trump, sumar Groenlandia sería un símbolo de poder y grandeza nacional.

Es cierto que el contexto internacional juega a su favor. El deshielo del Ártico está abriendo nuevas rutas de navegación que podrían convertirse en corredores comerciales estratégicos en las próximas décadas. Pero, para Molina, el factor decisivo es interno. "¿Cómo es posible que esa isla tan grande y tan cercana a nuestro territorio pertenezca a un país tan pequeñito de Europa como Dinamarca y no a nosotros?", es la pregunta que se hace mucho estadounidenses, es un argumento que conecta directamente con el votante MAGA y con la idea de "hacer América grande de nuevo".

¿Y cómo podría hacerlo Trump? Comprar Groenlandia a Dinamarca es, sencillamente, imposible. "La dignidad de Dinamarca no lo permitiría jamás", afirma Molina con rotundidad. Una invasión militar no se descarta del todo, pero se considera poco probable por su coste político y diplomático. "Groenlandia no es un territorio defendible", asegura el investigador.

Los siguientes pasos

La opción más realista sería otra: convencer a los groenlandeses. Son pocos, apenas unas decenas de miles, y en Washington se les percibe como "relativamente comprables". El escenario pasaría por promover un referéndum de independencia. Si ganara el sí, una Groenlandia independiente podría asociarse automáticamente a Estados Unidos mediante un acuerdo preferente.

Sería, en el fondo, una operación inmobiliaria a gran escala, muy al estilo Trump: como comprar un condominio en Manhattan, pagando lo suficiente para ir convenciendo, uno a uno, a sus propietarios.

Más Europa

Ante este pulso, Europa se enfrenta a una disyuntiva clara: o actúa unida o acepta un papel secundario en el nuevo orden mundial. "La única manera de responder es con más Europa", concluye Molina. Moneda común, mercado único y fronteras abiertas ya existen. Ahora, la pregunta es si Europa está dispuesta a dar el siguiente paso. Ceder la diplomacia, la política exterior y la seguridad y la Defensa. Es lo que exige el nuevo orden mundial: Más Europa.

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